| Por
qué la recapitalización es un problema de obra
La construcción
vive de plazos, no de intenciones. Cuando un proyecto entra en tensión
financiera, el primer síntoma real no es el DSCR en una hoja de
cálculo, sino el deterioro de la continuidad: cambios de ritmo en
obra, renegociación apresurada de contratas, retrasos en licencias
menores, o la tentación de “ahorrar” en partidas que sostienen el
valor futuro (capex de eficiencia, acabados, marketing comercial). Si a
eso se suma un calendario de vencimientos rígido y un tipo de interés
que encarece el servicio de deuda, el promotor queda atrapado entre dos
fuegos: mantener la ejecución y cumplir covenants.
En ese contexto,
recapitalizar para refinanciar consiste en reconfigurar la estructura de
capital para ganar estabilidad y opcionalidad. La clave es que no se trata
solo de meter dinero: se trata de meterlo con la prioridad, el precio y
el control adecuados para que la obra llegue a su punto de inflexión
(estabilización de ingresos, finalización de capex crítico,
mejora de tasación) sin caer en defaults técnicos o en cash
traps permanentes. El éxito se decide en la ingeniería de
caja y en las definiciones contractuales, no en el eslogan del instrumento.
Marcos y metodología:
del “instrumento” a la arquitectura operable
El enfoque
correcto parte de un diagnóstico simple y brutal: caja disponible,
burn rate, visibilidad de ingresos, calendario de deuda y mapa de consentimientos.
Con eso se construye un plan de recapitalización que alinee cuatro
capas: (1) prioridad económica (quién cobra y cuándo),
(2) prioridad legal (garantías y rangos), (3) gobernanza (quién
decide en tensión) y (4) operativa de caja (lockbox, reservas, waterfall,
reporting). Esta arquitectura define si la financiación sostiene
la obra o la sabotea.
A nivel de
metodología, conviene traducir el plan de negocio a un “contrato
de operación financiera”: qué capex se ring-fence, qué
gastos de comercialización son intocables, qué reservas se
exigen (impuestos, seguros, DSRA), y qué eventos activan barridos
de caja. Aquí la construcción aporta un elemento diferencial:
la trazabilidad de certificaciones, pedidos y avances físicos. No
basta con reporting financiero; se necesita reporting técnico que
permita a inversor y financiador entender si el coste está controlado
y si el plazo es creíble. En la práctica, integrar cronograma,
certificaciones y presupuesto (BIM 4D/5D, aunque sea de forma pragmática)
reduce fricción y acelera waivers cuando hay desviaciones razonables.
Análisis:
mezzanine, preferred equity y equity cure como tres respuestas distintas
Mezzanine:
útil cuando hay un gap de repago o cuando se necesita “nuevo dinero”
para llegar a un take-out posterior. Su ventaja es la claridad económica:
precio, OID, fees, y la posibilidad de incorporar PIK para proteger caja
en fases de tensión. El riesgo es doble: si la subordinación
no está bien diseñada, el senior bloquea pagos y la capa
mezz queda como un coste alto sin control; y si el PIK se deja crecer sin
límites, se convierte en una bola de nieve que hace inviable la
salida.
Preferred equity:
suele funcionar mejor cuando el promotor necesita capex y tiempo, pero
quiere evitar dilución inmediata y mantener narrativa de control.
Su valor está en cómo se diseña el retorno (current
pay, accrual, preferred return, catch-up) y, sobre todo, en las “major
decisions”. Mal diseñado, el preferred asfixia tanto como una deuda;
bien diseñado, protege valor sin paralizar la gestión diaria.
Su punto crítico es la coordinación con el senior: pagos
permitidos, leakage y un lockbox que no convierta cada decisión
en una guerra de vetos.
Equity cure:
es la herramienta táctica para evitar defaults técnicos en
el peor momento. No soluciona el problema estructural, pero compra tiempo
para ejecutar medidas operativas (subir ocupación, terminar capex,
ajustar rentas, completar hitos de comercialización). El error típico
es permitir cures sin reglas claras o, al contrario, permitirlos pero dejar
que el cash sweep “se coma” la aportación. Un equity cure útil
exige una mecánica: evidencias, ventanas, aplicación en ratios
y exclusiones temporales del barrido.
La mecánica
del control: intercreditor, lockbox, sweeps y definiciones
En recapitalización,
el control rara vez se “firma” en una frase; se construye en cláusulas.
El intercreditor decide quién puede acelerar, quién puede
ejecutar y quién puede bloquear. El lockbox decide si hay continuidad
operativa. El cash sweep decide si el proyecto respira o muere. Y las definiciones
deciden si hay conflicto permanente o gestión estable. Conceptos
como “cash flow disponible”, NOI normalizado, capex permitido y permitted
payments parecen técnicos, pero son los que determinan si el promotor
puede invertir en comercialización o si cada euro termina en amortización
forzada.
La recomendación
práctica es simple: diseñar mecanismos escalonados. En lugar
de “cash trap total” al primer tropiezo, usar bandas de materialidad, ventanas
de cure y triggers que distingan entre ruido y deterioro real. En lugar
de PIK ilimitado, introducir caps y obligaciones de “de-PIK” en salida.
En lugar de vetos universales, definir major decisions con umbrales y plazos,
incluyendo reglas anti-bloqueo (por ejemplo, consentimientos tácitos
si no hay respuesta en plazo, salvo materias realmente críticas).
CLAVE PARA
HOY
Una recapitalización
fracasa cuando protege al financiador pero destruye la obra. Si el lockbox
absorbe capex, el NOI cae; si cae el NOI, caen covenants; si caen covenants,
se endurece el control; y si se endurece el control, la ejecución
se ralentiza. El diseño ganador es el que protege caja y garantías
sin “matar” el plan operativo: ring-fencing de capex crítico, triggers
escalonados y un intercreditor que permita ejecutar sin destruir valor.
Caso práctico
1 (España): mezzanine puente para proteger capex y evitar parón
Ejemplo hipotético:
promoción build-to-rent en fase final de obra y arranque de comercialización.
Presupuesto total: 62.500.000 €. CAPEX pendiente crítico (adecuación
y eficiencia): 4.200.000 €. Deuda senior: 44.000.000 € a tipo
variable. La subida del tipo de interés eleva el servicio de deuda
y el DSCR proyectado cae por debajo del umbral durante dos trimestres.
El banco activa cash trap parcial y exige amortización extraordinaria
si no se corrige.
Solución:
mezzanine new money de 6.500.000 € con PIK parcial (50 % PIK durante
12 meses) para cubrir capex crítico y costes de cierre, con un covenant
reset condicionado a hitos (fin de obra, porcentaje de ocupación,
NOI mínimo). Se negocia un intercreditor con standstill y permitted
payments, y un lockbox con reservas ring-fenced para capex y marketing
comercial. El cash sweep del senior se rediseña a escalones por
DSCR, con floors operativos y una ventana de cure tras cada test fallido.
Resultado:
se evita el parón, se completa capex, se acelera el lease-up y se
estabiliza el NOI. El mezzanine acumula PIK de forma limitada y se pacta
un take-out a deuda de inversión al mes 18–24, con payoff claro.
Lección: el mezzanine no salva la operación por sí
solo; la salva cuando su documentación protege el capex y ordena
la caja.
Caso práctico
2 (Latinoamérica): preferred equity para capex bajo estrés
de moneda
Ejemplo hipotético:
activo mixto en fase de reposicionamiento con ingresos en moneda local
y servicio de deuda en divisa fuerte. Importe pendiente de capex de reposicionamiento:
3.800.000 €. La devaluación y controles de caja reducen la
convertibilidad, se deteriora el DSCR en euros y el financiador senior
endurece el lockbox. La salida prevista (refinanciación) se retrasa
por volatilidad de tasación.
Solución:
inyección de preferred equity a nivel opco por 5.500.000 €
con current pay limitado y accrual, destinada a (1) capex y (2) reserva
de cobertura. Se crea lockbox dual: capa operativa local + capa en euros
para servicio de deuda, con reglas de conversión, umbrales de materialidad
y un procedimiento de excepción. Se pactan major decisions con umbrales
para no bloquear la gestión diaria y se definen cures de moneda
(currency cures) antes de declarar default.
Resultado:
se recupera continuidad operativa, se estabiliza el activo y se prepara
una salida por refinanciación cuando mejora la visibilidad. Lección:
en entornos de moneda, el control real está en la arquitectura de
caja y en la disciplina de reporting, no solo en el tipo de interés
nominal.
Conclusiones
operativas (recomendaciones accionables)
1) Para el
promotor: no venda “instrumentos”; venda un plan de continuidad. El inversor
financia certeza: capex ring-fenced, hitos verificables, reporting y calendario
de salida.
2) Para el
constructor y la dirección de obra: traduzcan avance físico
a métricas de riesgo. Certificaciones, hitos y desviaciones deben
integrarse en el reporting para evitar bloqueos de caja.
3) Para el
inversor: negocie definiciones antes que precios. Un punto de margen puede
doler; una mala definición de cash flow disponible puede destruir
la operación.
4) Para el
financiador senior: prefiera triggers escalonados a cash traps absolutos.
La disciplina que mata el NOI termina elevando su propio riesgo.
5) Para el
gestor de activos: diseñe una gobernanza por desempeño. Más
control cuando empeora, más autonomía cuando mejora, con
reglas anti-bloqueo y materialidad.
6) Para todos:
cierre la salida desde el inicio. Payoff, release & replace y tratamiento
del PIK deben estar preacordados para evitar vetos cruzados al final.
Autoría
y CTA
Autoría:
Pedro Álvarez — financiero con experiencia en financiación
de proyectos, gestión de obra y estructuración de lockbox
y reporting para activos inmobiliarios.
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experiencias y propuestas sobre recapitalización, gestión
de caja y disciplina de covenants en proyectos en tensión.
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