El
problema real ya no es “el precio”, es la convertibilidad
En una promotora,
el valor no se fabrica en una cuenta de resultados; se fabrica en el tiempo,
cuando el suelo se convierte en licencia, la licencia en obra, la obra
en entrega, y la entrega en caja. En un entorno de tipo de interés
exigente, el mercado ha dejado de premiar el volumen de pipeline y premia
la convertibilidad: el calendario creíble de hitos, cobros y pagos.
La consecuencia es que dos compañías con el mismo importe
de activos y el mismo número de unidades pueden tener valores muy
distintos si una tiene preventas de calidad, contratación robusta
y financiación alineada, y la otra acumula incertidumbre y “caja
atrapada”. En términos de CAPEX, una cartera con 120.000.000 €
de inversión prevista y plazos bien cerrados puede sostenerse; la
misma cartera, con seis meses de retraso, puede destruir VAN por coste
financiero y por descuentos comerciales necesarios para reactivar demanda.
La variable
que conecta construcción y valoración: margen pendiente y
riesgo de ejecución
Para una revista
especializada de la construcción, el punto crítico es comprender
que el margen de la promotora no es un dato contable aislado: es una derivada
de cómo se contrata y se gestiona la obra. La diferencia entre un
precio cerrado mal definido y un GMP con gobernanza de cambios puede ser
la diferencia entre proteger el margen o abrir una autopista a claims y
sobrecostes. Y ese riesgo no se queda en la obra: se traslada a la financiación
(covenants), a la caja (certificaciones, pignoraciones) y, finalmente,
al valor. Por eso, cuando un inversor pregunta por la valoración
de una promotora, en realidad está preguntando por la probabilidad
de que el pipeline se ejecute dentro de costes y plazos. La valoración,
bien hecha, no es un informe bonito; es un mapa de incertidumbre cuantificada.
Marcos y metodología:
del “relato” a la evidencia trazable (contratos, datos y estándares)
Un enfoque
profesional empieza por fijar el perímetro económico: qué
sociedades, SPV y JV entran, qué garantías cruzadas existen,
y qué restricciones limitan el reparto de caja. En promociones,
la estructura societaria no es “decoración”: condiciona dividendos,
ring-fencing, y el acceso al crédito. A partir de ahí, la
metodología debe unir tres capas: financiera, técnica y contractual.
La financiera integra QoE/QoC, deuda neta ajustada y WACC; la técnica
convierte presupuesto, planificación y riesgos en probabilidades
y contingencias; la contractual revisa preventas, obra, seguros, garantías
a comprador y mecanismos de revisión de precios. En el plano de
datos, la disciplina es decisiva: si la promotora no puede trazar coste
por promoción, la valoración debe incorporar un descuento
por opacidad. Aquí es donde herramientas de control (ERP + control
de obra) y prácticas como BIM 5D (coste vinculado a mediciones y
cambios) aportan algo más que eficiencia: aportan evidencia para
banca e inversor, porque reducen la asimetría de información.
La cadena de
valor del pipeline: dónde se rompe y cómo se detecta pronto
El pipeline
se rompe en puntos muy concretos, normalmente antes de que el problema
sea visible en el resultado anual. Primero, se rompe en preventas: caen
visitas, crecen desistimientos y aparecen descuentos encubiertos (mejoras,
cocinas, financiación “bonificada”). Segundo, se rompe en ejecución:
el proyecto no está suficientemente definido, la productividad cae,
la industrialización no llega a tiempo o el suministrador crítico
falla. Tercero, se rompe en financiación: se estrecha el margen
de seguridad de covenants, y la caja queda restringida por pignoraciones
o cash sweep. Los indicadores tempranos son conocidos y, sin embargo, se
ignoran en muchas valoraciones: absorción más lenta que la
curva base, alargamiento de plazos de escrituración, incremento
de cancelaciones, aumento de stock terminado, y una brecha creciente entre
“caja teórica” (según modelo) y caja real (según banco).
Cuando aparece esa brecha, el valor debe recalibrarse, porque el mercado
no paga expectativas sin caja.
Tipo de interés
e inflación: cómo entran de verdad en el valor (no solo en
el WACC)
Es tentador
pensar que el tipo de interés entra únicamente en el WACC,
pero en promotoras entra antes y por más puertas. Entra en la accesibilidad
del comprador y en la demanda, afectando al ritmo de ventas. Entra en la
financiación hipotecaria, endureciendo criterios y reduciendo conversiones
preventa–escritura. Entra en el coste financiero del promotor (tipo variable,
comisiones, coberturas), elevando el coste total por unidad entregada.
Y entra en el comportamiento de los covenants: una subida de tipo de interés,
aunque el proyecto sea rentable en papel, puede reducir DSCR y forzar renegociación,
garantías adicionales o caja restringida. La inflación, por
su parte, no es solo un “escalado”: si la obra se retrasa, el escalado
se acumula, y además puede provocar una segunda ronda de costes
(retrabajos, replanificación, penalizaciones). La consecuencia en
valoración es clara: no basta con un escenario base; hay que construir
escenarios de estrés que combinen tipo de interés, parón
comercial y sobrecoste, porque en la realidad suelen venir juntos.
“En una promotora,
el riesgo no es una opinión: es una diferencia entre caja disponible
y caja atrapada, entre preventa firmada y entrega escriturada, entre presupuesto
y coste comprometido. Si no se puede probar, no se puede valorar.”
DCF y NAV:
cuándo cada uno dice la verdad y cuándo engaña
El DCF bien
construido es el método más potente para una promotora porque
modeliza flujos por promoción, incorpora calendario de cobros y
pagos, y refleja la financiación real. Pero el DCF se convierte
en ficción si se alimenta con probabilidades arbitrarias o plazos
irreales. Por eso debe incluir reglas de prudencia: por ejemplo, no tratar
como “probable” un suelo en planeamiento sin evidencia de hitos; o no asumir
absorciones constantes cuando el mercado se enfría. El NAV, en cambio,
es útil cuando el banco de suelo y los activos son el centro del
valor, pero exige disciplina: aplicar descuentos por plazo y ejecución,
reconocer fiscalidad latente cuando proceda, y no confundir valor residual
optimista con valor realizable. La práctica profesional suele terminar
en triangulación: mercado (comparables), DCF (flujos) y NAV (activos),
buscando coherencia. Si el mercado paga descuentos a NAV en un ciclo de
tensión, no es un capricho: suele reflejar incertidumbre de ejecución,
liquidez y calidad de datos.
Deuda neta
ajustada: el puente que separa enterprise value de equity value
Uno de los
fallos más costosos en operaciones es confundir deuda “contable”
con deuda económica. En promotoras, además de la deuda financiera,
existen partidas asimilables (debt-like): compromisos, contingencias probables,
obligaciones fiscales relevantes, provisiones insuficientes, y, en ocasiones,
garantías o pagos diferidos que no aparecen donde uno esperaría.
En paralelo, la caja tampoco es siempre “caja”: puede estar restringida
por pignoración, escrow o condiciones de disposición. El
puente es el que decide el valor para el accionista: Equity Value = Enterprise
Value – Deuda Neta Ajustada. Cuando una valoración no explica este
puente con claridad, el comité de inversión debería
desconfiar, porque ahí suelen esconderse sorpresas. La forma correcta
es mostrar conciliaciones y cortes: bancos, certificaciones, anticipos,
y un inventario de restricciones, indicando qué caja es utilizable
para servicio de deuda y qué caja no lo es.
Caso práctico
1 (Ejemplo hipotético): run-off residencial con caída de
preventas por tipo de interés
Una promotora
con tres promociones residenciales en fase de obra presenta un DCF base
con TIR del 14,0 % y VAN positivo. El importe total de ingresos previstos
es de 210.000.000 €, con un coste de construcción de 120.000.000
€ y costes de suelo y transformación de 52.000.000 €.
En los últimos dos meses, la absorción cae un 35 %, aparecen
descuentos comerciales equivalentes a 6.000 € por vivienda en mejoras,
y los desistimientos suben del 4,0 % al 9,5 %. El banco exige mantener
preventas mínimas del 55 % para seguir disponiendo y plantea un
cash sweep parcial si el DSCR cae. La revisión introduce un escenario
de tensión: seis meses de retraso, escalado de costes del 5,0 %,
y reducción de precio neto del 3,5 %. El resultado es un recorte
del enterprise value y, sobre todo, una subida de deuda neta ajustada por
caja restringida, reduciendo el equity value en más de un 20 % respecto
al caso base. La mitigación no es “optimismo”: es replanificar ritmo
de obra, reducir CAPEX discrecional, revisar contratación para contener
sobrecoste y rediseñar una estrategia comercial que proteja margen
sin destruir precio de referencia.
Caso práctico
2 (Ejemplo hipotético): operación transfronteriza con divisa
y caja atrapada
Un inversor
analiza la compra del 70 % de una promotora con pipeline mixto (residencial
y terciario) en un país latinoamericano. El pipeline total equivale
a 180.000.000 € al cambio actual, pero los flujos se generan en moneda
local con inflación alta. Además, existen restricciones administrativas
a la repatriación de dividendos en determinados escenarios. El modelo
base convierte flujos a euros con un tipo de cambio estable y aplica una
prima por riesgo país en el coste de fondos propios. Al realizar
el stress test, se introducen tres escenarios: devaluación del 25
%, devaluación del 40 % con fricción de repatriación
de 12 meses, y un escenario de continuidad con repatriación parcial
y “caja atrapada” que solo puede reinvertirse localmente. La conclusión
es que el descuento no debe ponerse únicamente en el WACC: hay que
reflejarlo en el calendario de dividendos y en un haircut temporal sobre
la caja repatriable. La estructura recomendada incluye condiciones suspensivas,
escrows por permisos y un earn-out ligado a hitos verificables de repatriación
efectiva, evitando pagar hoy por caja que quizá no pueda salir mañana.
El equity value final se presenta como rango, no como punto, y se defiende
con coherencia entre DCF y NAV ajustado por ejecución.
Errores típicos
que siguen apareciendo (y por qué cuestan caro)
El primer
error es el doble conteo del pipeline: sumar valor residual de suelo y,
además, capitalizar márgenes futuros como si fueran independientes.
El segundo es tratar la deuda como una cifra única sin revisar condiciones,
covenants y caja restringida. El tercero es suponer plazos irreales: un
mes más en licencia o tres meses en suministro pueden parecer poco,
pero su efecto en coste financiero y en marketing puede destruir margen.
El cuarto es ignorar fiscalidad latente y contingencias: en NAV, una fiscalidad
mal estimada cambia el equity value de forma inmediata. El quinto es la
opacidad de datos: sin trazabilidad por promoción, la valoración
debe incorporar un descuento por falta de control, o, alternativamente,
exigir condiciones de cierre ligadas a reporting y reconciliación.
En todos los casos, el denominador común es el mismo: se valora
una narrativa, no una evidencia.
Conclusiones
operativas (recomendaciones accionables)
1) Para el
promotor: gobierne el pipeline con “gates” verificables. No avance CAPEX
relevante sin hitos mínimos (licencia, preventas netas, contratación
y financiación asegurada) y registre decisiones con trazabilidad.
2) Para el
constructor: pacte modelos contractuales que reduzcan ambigüedad de
alcance y creen incentivos reales. Un GMP sin control de cambios es marketing;
un target cost con gobernanza puede proteger margen para ambas partes.
3) Para el
inversor: exija QoE/QoC y deuda neta ajustada antes de hablar de precio.
Pida conciliaciones por promoción y un inventario formal de caja
restringida, escrows y obligaciones asimilables.
4) Para el
gestor financiero: haga stress test integrados (ventas + coste + plazo
+ tipo de interés). No separe variables que en la realidad se mueven
juntas; defina umbrales de covenants con planes de acción.
5) Para el
equipo técnico: convierta el control de obra en evidencia financiera.
Implante trazabilidad de coste por promoción, baseline de plazo
y control de cambios; si aplica BIM 5D, úselo para reducir disputas
y mejorar confianza.
6) Para todos:
presente valor como rango defendible y explique el puente EV–Equity. La
credibilidad no la da el número final, sino la lógica entre
hipótesis, riesgos y caja disponible.
Autoría
y CTA
Autoría:
Autoría: Laura Villalba – Analista de Corporate Finance (M&A
y valoración), experiencia en valoración de promotoras inmobiliarias,
due diligence QoE/QoC y modelización DCF/NAV para inversores y entidades
financiadoras.
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