CUANDO
EL MARGEN “DE PAPEL” CUESTA DINERO
El sector
vive una paradoja recurrente: grandes importes contratados, plazos exigentes
y una visibilidad aparente que se desmorona al primer cambio de alcance,
retraso de suministro o disputa con el cliente. En constructoras, el CAPEX
ejecutado en obra se parece poco a la caja disponible, porque el ciclo
certificación–aprobación–pago introduce retrasos, retenciones
y fricción administrativa. Por eso, el inversor prudente no pregunta
“¿cuánto vendes?”, sino “¿cómo conviertes tu
cartera en caja?”. El promotor que contrata también lo sufre: cuando
la tesorería se tensiona, la productividad cae, crecen los retrabajos
y el riesgo reputacional se multiplica.
La consecuencia
es directa sobre el valor: pequeñas desviaciones se convierten en
grandes decisiones. Un 1% de desviación de margen en un contrato
de 80.000.000 € no es un matiz; son 800.000 € que pasan de ser
expectativa a ser pérdida o caja no generada. Si además la
financiación del circulante sube 150 puntos básicos, el coste
financiero deja de ser “gasto de estructura” para convertirse en una carga
por obra, especialmente cuando el consumo de líneas está
ligado a avales. En ese contexto, valorar una constructora sin entender
cartera, margen futuro y caja de obra es como tasar un edificio sin mirar
su cimentación.
MARCOS Y METODOLOGÍA:
DEL CONTRATO A LA VALORACIÓN (SIN ATAJOS)
El método
útil parte de una idea simple: la unidad de análisis no es
la empresa, es la obra. La empresa es la agregación de obras más
gastos de estructura, más riesgo de cola (litigios, garantías,
defectos), más restricción financiera (avales, líneas,
covenants). A partir de ahí, se combinan tres capas: (1) contractual,
para entender reparto de riesgos y mecanismos de modificación; (2)
operativa, para medir capacidad de ejecución y control; y (3) financiera,
para modelizar caja y coste de financiación. El resultado suele
expresarse con DCF por obra/cartera, triangulado con múltiplos calibrados
por calidad del backlog y por riesgo.
En obras complejas,
conviene incorporar disciplina de dato y estándares de gestión.
No es “BIM por moda”: es trazabilidad. Un entorno BIM 4D/5D, con IFC y
COBie cuando aplica, mejora la consistencia entre planificación,
medición y coste comprometido, y reduce discusiones tardías
sobre alcance. No sustituye al contrato, pero ayuda a demostrar hechos:
qué se planificó, qué se ejecutó, cuándo
se cambió y qué impacto tuvo. En valoración, esa trazabilidad
reduce incertidumbre y, por tanto, reduce descuentos por riesgo. Y, sobre
todo, evita pagar hoy por margen que se evaporará mañana.
ANÁLISIS:
DÓNDE SE PIERDE EL VALOR EN UNA CONSTRUCTORA
Primera fuga:
la calidad del backlog. No toda cartera vale lo mismo. Un backlog concentrado
en un solo cliente, con obra ancla y cláusulas de penalidad severas,
vale menos que una cartera diversificada con hitos de cobro claros y cambios
bien gobernados. La valoración debe incorporar un semáforo
por obra y por cliente, midiendo probabilidad de ejecución sin rescisión,
estabilidad de precio, dependencia de permisos y exposición a suministros
críticos. La “convertibilidad” es clave: cuánto de ese backlog
se convertirá en producción y, después, en cobro.
Si el pipeline entra en la foto sin probabilidad prudente, el valor resultante
será un espejismo.
Segunda fuga:
el coste a término (CTC) y la disciplina de reestimación.
El CTC no es un número; es un proceso. Cuando se reestima tarde,
el margen parece estable hasta que, de repente, no lo es. Por eso, el comité
de riesgos de obra debería exigir evidencias mínimas: compras
adjudicadas vs pendientes, productividad real vs plan, desviaciones de
plazo, retrabajos, y estado documental de cambios. Si el CTC cambia por
intuición o presión interna, el valor también cambia,
pero sin fundamento. En operaciones de compra-venta, este punto es crítico:
el inversor no paga por “margen de papel” y el vendedor serio no quiere
discutirlo a última hora.
Tercera fuga:
claims y disputas. Una constructora puede tener claims como upside potencial,
pero convertirlos en valor base es peligroso. La forma defendible es una
matriz probabilidad–importe–timing, neteando costes de gestión y
riesgo de compensaciones. Además, el calendario importa: un claim
que se cobra en 24 meses no vale lo mismo que uno que se transa en 90 días.
Si el tipo de interés sube o el riesgo país aumenta, el descuento
también. En consecuencia, la caja de obra no puede modelizarse ignorando
disputas: la historia real de cobro es un dato, no una opinión.
Cuarta fuga:
avales, garantías y exposición fuera de balance. El nominal
de avales no es un número “de nota”, es restricción de crecimiento
y, a veces, de supervivencia. Cuando el consumo de líneas se acerca
al límite, la empresa compite consigo misma: financiar circulante
o emitir avales para licitar. Y si hay llamadas a aval por defectos o rescisión,
el impacto en tesorería puede ser inmediato. En valoración,
esto se traduce en ajustes al enterprise value, en escrows específicos,
o en mecanismos como earn-out ligados a métricas auditables de caja
y liberación de garantías.
Quinta fuga:
capacidad de ejecución y dependencia de personas clave. En constructoras,
la calidad del jefe de obra y del responsable de compras pesa más
de lo que sugiere el organigrama. Si una compañía está
al límite de simultaneidad, una baja de personal o una rotación
en obra crítica puede disparar plazo, coste y siniestralidad. Por
eso, la valoración prudente incorpora KPIs operativos (SPI/CPI,
productividad, siniestralidad, retrabajos) y los conecta con margen futuro
y caja. No es “control por controlar”, es transformar señales tempranas
en decisiones: priorizar, reforzar, renegociar o parar de forma controlada.
Una constructora
vale lo que su cartera produce en caja, no lo que promete en ventas. Si
el CTC no es defendible, si la certificación no se cobra, si los
avales bloquean líneas y si los claims son una esperanza, el valor
debe reflejarlo con escenarios, protecciones y gobernanza. La disciplina
de dato y la visita a obra no son “extra”: son el núcleo de la valoración.
CASO PRÁCTICO
1 (ESPAÑA): BACKLOG SANO, PERO CAJA TENSIONADA POR COBRO Y RETENCIONES
Constructora
mediana con 12 obras activas y backlog de 180.000.000 €, concentrado
un 45% en un cliente público. Reporting muestra margen bruto previsto
del 6,0% y caja neta “estable”. Al abrir la ficha de obra por proyectos
críticos, aparecen dos tensiones: (i) CTC subestimado en paquetes
de instalaciones por subida de precios y baja adjudicación cerrada
(solo 62% adjudicado en obra ancla), y (ii) cobros reales 60 días
por encima del contrato, con 4.800.000 € en “aprobado no pagado” y
3.200.000 € en retenciones. El modelo de 13 semanas muestra un valle
de -2.100.000 € si no se reprograman pagos.
Medidas: comité
de caja semanal, renegociación de hitos de pago en obra ancla, cierre
urgente de compras críticas con alternativas homologadas, y disciplina
mensual de CTC con “puente” de desviaciones. Se añade un ajuste
prudencial: margen base baja al 4,8% en escenario adverso, y el DCF por
obra incorpora el coste financiero del circulante. En transacción,
el inversor propone completion accounts con definiciones robustas de deuda
neta económica y circulante operativo, y un escrow de 2.000.000
€ ligado a liberación de retenciones y resolución documental
de cambios. Resultado: rango de valor más estrecho, negociación
más rápida y menos sorpresas post-cierre.
CASO PRÁCTICO
2 (LATAM + UE): MULTIMONEDA, INFLACIÓN Y CLAIMS COMO “FALSA CAJA”
Grupo con
filiales en la UE y Latinoamérica, backlog consolidado equivalente
a 420.000.000 € y presencia industrial. En filial LATAM, contratos
en moneda local con indexación parcial; costes críticos en
divisa (equipos importados) y plazos extendidos. El reporting consolida
margen previsto del 7,5% y un paquete de claims “en negociación”
por 9.500.000 €. Al modelizar por obra en moneda natural y convertir
a euros, aparece el “doble golpe”: depreciación de moneda + cobros
tardíos. Además, los claims tienen probabilidad real media
del 35% y timing de 18–30 meses, con costes de peritaje y legal de 600.000
€.
Medidas: separar
caja operativa de caja restringida, aplicar haircuts prudentes a claims,
revisar la eficacia de indexación por contrato (lags, caps, partidas
excluidas), y diseñar coberturas operativas (natural hedging: casar
moneda de ingresos y costes donde sea posible). En valoración, se
ajusta el descuento por riesgo país y por convertibilidad de caja,
y se introduce earn-out por caja efectivamente convertida a euros y transferida,
con auditoría de métricas. Se refuerzan covenants operativos:
límites a nuevas licitaciones en moneda sin cobertura, y control
de avales y garantías por obra. Resultado: el valor “de presentación”
cae, pero el inversor paga por un plan defendible y el vendedor reduce
litigios posteriores.
CONCLUSIONES
OPERATIVAS (4–6 RECOMENDACIONES ACCIONABLES)
1) Para el
promotor: exija visibilidad real de CTC, compras adjudicadas y planificación;
una obra con caja tensada tiende a deteriorar calidad y plazo. Alinee hitos
de certificación con entregables verificables y defina un protocolo
de cambios con trazabilidad.
2) Para la
constructora: convierta el CTC en un proceso con gobernanza, evidencias
y umbrales. Si no puede explicar un “puente” de desviaciones por causa
raíz, su margen futuro es frágil y su financiación
se encarece.
3) Para el
inversor: no pague por backlog sin score de calidad. Use ficha de obra,
semáforos y escenarios; incorpore avales, retenciones, claims y
capital circulante real a la definición de deuda neta económica
y precio.
4) Para el
gestor de activos: mida SPI/CPI, productividad, siniestralidad y retrabajos
como indicadores financieros adelantados. La gestión operativa es
la primera línea de defensa del valor, antes que cualquier renegociación.
5) Para todos:
modele caja con dos horizontes (13 semanas + vida de obra) y convierta
la discusión en hechos: cobros, pagos críticos, consumo de
líneas y liberación de garantías. La caja de obra
manda.
6) En transacción:
elija mecanismos de precio coherentes con negocio de obra (locked box solo
con disciplina; completion accounts con definiciones robustas). Si hay
incertidumbre, proteja con escrows específicos, earn-out auditable
y covenants de operación ordinaria.
Autoría
y CTA
Autoría:
Juan Gonzálex, experto en valoración y gestión de
riesgos en construcción, con experiencia en due diligence de cartera,
claims y modelos de caja de obra.
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de riesgos de cartera y caja de obra.
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