1)
Por qué el loan-to-own ya no es “finanzas”, sino continuidad de
obra
Durante años,
el sector ha tratado el impago como un evento financiero y el retraso como
un problema técnico. En la práctica, ambos se contaminan:
un proyecto con certificaciones discutidas, desviación de coste
y tensión de tesorería acaba deteriorando su estructura de
financiación; y un préstamo en impago termina generando decisiones
técnicas forzadas, con CAPEX diferido y pérdida de calidad.
Aquí entra el loan-to-own: el inversor compra el derecho de cobro
con descuento, pero su objetivo real es capturar el control del activo,
ordenar la obra y ejecutar un plan de salida. El constructor y el promotor
deben entenderlo porque, cuando llega el nuevo acreedor, cambia la lógica:
la prioridad ya no es “aguantar”, sino “controlar” y medir cada euro de
coste en función de tiempo y precio final.
2) El triángulo
de decisión: descuento, control y tiempo
La compra
de NPL/RPL no se gana solo por precio. Se gana por capacidad de control
y por velocidad para transformar el crédito en decisiones operativas.
El descuento es la palanca visible: compras a un porcentaje del saldo o
del valor del colateral. El control es la palanca determinante: rango hipotecario,
intercreditor, prendas, garantías sobre cuentas, cesiones de rentas,
y derechos de step-in. Y el tiempo es la variable que mata la TIR: plazos
de ejecución, litigio, licencias, toma de posesión, reposicionamiento
y comercialización. En loan-to-own, el error típico es pagar
“como si” el control fuese inmediato y el calendario lineal. La disciplina
consiste en modelizar retrasos, fricciones y costes de control como si
fuesen CAPEX: porque lo son, aunque se paguen en abogados, tasas, gestión
y mantenimiento.
3) Underwriting
dual: reestructurar o ejecutar (y decidir sin autoengaños)
La metodología
que mejor funciona en loan-to-own es el underwriting dual: dos caminos
completos desde el día 1. Camino A: reestructuración, con
convenios operativos, cash sweep y gatillos de control que convierten al
acreedor en gestor de facto sin adjudicar. Camino B: enforcement, con presupuesto
por fases, calendario de hitos, estrategia de subasta/adjudicación
y plan de posesión. La decisión no se toma por ideología
(“negociar siempre” o “ejecutar siempre”), sino por test de control: si
el acreedor no puede activar palancas claras en 90–120 días, su
plan A es humo. A la vez, un plan B sin presupuesto y sin estrategia de
ocupación suele convertirse en litigio infinito. El inversor profesional
trata el plan B como un proyecto: con coste, plazo, responsables, riesgos
y métricas.
4) Lo que el
sector de la construcción debe mirar cuando “manda” el crédito
Cuando el
control se desplaza al acreedor, la obra deja de ser un flujo continuo
y pasa a ser un programa de recuperación. En ese programa hay tres
frentes críticos para constructor y promotor. Primero, la verdad
del avance físico: mediciones, certificaciones, cambios y partidas
pendientes, sin confundir “pagado” con “ejecutado”. Segundo, la gobernanza
de caja: cuenta controlada, waterfall operativo y reglas de desembolso
(drawdowns) por hitos verificables. Tercero, el riesgo contractual: si
el contrato de obra está roto (reclamaciones cruzadas, penalidades,
suspensión), hay que decidir rápido entre continuidad pactada
o sustitución. El loan-to-own no premia la heroicidad; premia la
transparencia y la capacidad de ejecutar un completion plan con coste máximo
y calendario realista.
5) Servicing
y proveedores: el riesgo silencioso que se come la recuperación
La compra
de NPL/RPL se industrializa con servicing, pero el servicing mal gobernado
destruye valor. El inversor que busca control necesita un modelo claro:
master servicer para operación estándar y special servicer
para casos de obra en curso, litigio, ocupación o reestructuración
compleja. El punto clave es alinear incentivos: KPIs y SLAs basados en
control y net recovery, no en “actividad”. Si se paga por expedientes abiertos
o por demandas presentadas, el sistema empuja al litigio sin objetivo.
El sector de la construcción lo sufre porque un pleito prolongado
degrada el activo: se difiere CAPEX, se deteriora el mantenimiento y la
reputación comercial se hunde. La receta es sencilla: panel de proveedores
con tarifas y tiempos, reporting mensual, auditoría de hitos y un
“decision log” que evite que decisiones críticas queden en llamadas
sin rastro.
6) Riesgos
recurrentes: lo que rompe el plan y cómo se detecta pronto
En operaciones
loan-to-own, hay cinco grupos de riesgos que aparecen una y otra vez. El
primero es documental: loan files incompletos, cesiones sin trazabilidad,
saldos no conciliados, novaciones ocultas o acuerdos verbales. El segundo
es registral: rango hipotecario, cargas, embargos, servidumbres, arrendamientos
o afecciones urbanísticas. El tercero es procesal: incidencias,
oposiciones, medidas cautelares y dilaciones, que impactan directamente
en calendario y coste. El cuarto es técnico: obra real vs certificaciones,
patologías, falta de licencias, sobrecostes de completion, dependencias
críticas de supply chain. El quinto es reputacional: ocupación,
conflicto social, comunicaciones mal gestionadas y decisiones sin trazabilidad.
Detectarlos no exige magia: exige checklist, semáforos y la voluntad
de declarar “no-go” cuando el control no existe.
RECUADRO. Seis
reglas de disciplina para un loan-to-own que funcione
1) Si no controlo,
no compro: el control se demuestra en documentos, rangos y derechos, no
en intenciones.
2) Siempre
dos planes completos: reestructuración con gatillos y enforcement
presupuestado, desde el primer día.
3) El tiempo
es un coste: cada mes de retraso se modeliza como pérdida de VAN
y aumento de coste total.
4) Caja gobernada:
cuenta controlada, reglas de drawdown y reporting; sin caja, no hay completion.
5) Proveedores
medibles: SLAs y KPIs por resultado (control y net recovery), no por actividad.
6) Documentación
o descuento: si falta evidencia crítica, se corrige con CPs, retenciones
o precio. Si no, se camina.
7) Caso práctico
España: obra en curso con sobrecoste y conflicto con contratista
Una promoción
residencial de 72 viviendas en periferia metropolitana llega al 65% de
avance físico con un atasco de tesorería. El promotor acumula
desviación de coste por 1.650.000 € (materiales y cambios),
se rompe la relación con la constructora y se paralizan trabajos.
El banco decide vender el NPL: saldo vivo 18.400.000 € (principal)
más 900.000 € de intereses y comisiones. Un inversor compra
por 11.600.000 €, con objetivo loan-to-own: completar y vender. El
underwriting fija dos escenarios. Escenario A (reestructuración):
standstill de 120 días, cash sweep de preventas, cesión de
control operativo (project monitor + aprobación de certificaciones)
y compromiso de completion facility de 2.800.000 € a tipo variable
con cap, condicionado a hitos. Escenario B (enforcement): presupuesto legal
de 240.000 €, plazo base 14 meses hasta control efectivo, más
CAPEX mínimo de preservación 180.000 €.
La operación
se diseña con protecciones: retención de 600.000 € en
escrow por documentación de obra y posibles reclamaciones; condiciones
precedentes para entrega de contrato de obra, últimas certificaciones
y evidencias de licencias y seguros; y un acuerdo de transición
que obliga a inventario técnico completo en 30 días. El plan
de completion se cierra con una decisión dura: renegociación
con la constructora con auditoría de mediciones. El coste acordado
de finalización queda en 4.200.000 € con contingencia del 10%
(420.000 €), calendario 8 meses, penalidades simétricas y cuenta
de pagos controlada. Para recuperar preventas, se revalida cartera: 18
contratos siguen, 9 se rescinden por impago y se relanzan con nuevo precio
objetivo. El inversor proyecta ingresos de 22.900.000 € por ventas,
con coste total (compra deuda + completion + OPEX + legal) de 17.000.000
€. La TIR objetivo se fija en 17,5% con sensibilidad: si el plazo
se alarga 6 meses, la TIR cae a 12,8% y el VAN se reduce en 1.100.000 €.
Con esa disciplina, el comité aprueba “control por caja” y cero
tolerancia al retraso sin causa.
8) Caso práctico
Latinoamérica: control, moneda e inflación en un activo mixto
Un préstamo
RPL reestructurado está garantizado con un activo mixto (locales
comerciales y oficinas) y un suelo con potencial de ampliación.
El saldo es equivalente a 24.000.000 € en moneda local, pero la inflación
anual esperada supera el 25% y hay restricciones intermitentes de pagos
al exterior. El vendedor acepta 13.500.000 € equivalentes, con descuento
por riesgo país. El inversor quiere control sin depender de una
ejecución lenta, así que estructura la operación con
doble capa: compra del crédito y prenda de acciones del vehículo
propietario del activo, más covenants de caja. El plan se apoya
en indexación de rentas y cláusulas de moneda fuerte cuando
el mercado lo permite, y en un CAPEX de eficiencia y seguridad de 900.000
€ para estabilizar ocupación.
El riesgo clave
es la “ilusión de cobro”: si la caja se queda en moneda que se deprecia
y no se puede repatriar, la recuperación real cae aunque el NOI
suba. Por eso el modelo introduce un “haircut” de conversión y un
buffer adicional de 1.200.000 € en precio máximo. El acuerdo
con el deudor se plantea como amend & extend con gatillos: si la ocupación
baja del 78% o el DSCR cae por debajo de 1,20x durante dos trimestres,
se activa step-in operativo y se puede ejecutar la prenda de acciones.
La salida prevista tiene dos rutas: venta del activo estabilizado a inversor
local (en moneda fuerte) o venta del crédito reempaquetado con documentación
completa. En ambos casos, la disciplina es la misma: control del dato,
control de caja y calendario de decisiones con comité mensual. El
éxito aquí no depende de “adivinar” la moneda, sino de diseñar
contratos que no te dejen atrapado.
9) Qué
significa esto para promotores y constructoras: adaptarse antes de que
llegue el nuevo acreedor
Para el promotor,
el loan-to-own implica que la negociación se profesionaliza: el
acreedor que compra deuda no busca solo cobrar; busca controlar. Eso obliga
a tener documentación impecable, reporting de obra fiable, y un
plan de viabilidad realista antes de pedir esperas o quitas. Para la constructora,
significa que el “cliente” puede cambiar: el nuevo acreedor exigirá
auditoría de mediciones, control de certificaciones, penalidades
equilibradas y transparencia de costes. Quien tenga procesos, trazabilidad
y capacidad de trabajar con cuentas controladas tendrá ventaja.
Para ambos, la conclusión es incómoda pero liberadora: la
financiación y la obra ya no se gestionan en silos. La obra sin
caja es un riesgo financiero; la deuda sin plan técnico es una ficción
contable.
Conclusiones
operativas (4–6 recomendaciones accionables)
1) Para promotor:
prepare un paquete “control-ready” antes de la crisis (contratos, licencias,
seguros, certificaciones, cuadro de tesorería). Facilita reestructuración
y evita descuentos destructivos.
2) Para constructora:
adopte contratos y procedimientos compatibles con control por caja (drawdowns,
project monitor, reporting mensual). Es la nueva normalidad en obras tensionadas.
3) Para inversor:
aplique underwriting dual y test de control en 90–120 días. Si el
control no es demostrable, ajuste precio o salga del proceso.
4) Para gestor
de activos: gobierne el servicing con SLAs y KPIs por resultado (time to
control, net recovery, coste por fase). Evite el litigio sin objetivo y
documente cada decisión.
5) Para todos:
conviertan el tiempo en una variable financiera explícita. Modelicen
retrasos como pérdida de VAN y aumento de coste total, y definan
“walk-away points” antes de enamorarse del activo.
6) Para operaciones
internacionales: diseñen protección de caja y estructura
de cobros desde el inicio. Sin disciplina de moneda, covenants y repatriación,
la recuperación es un espejismo.
Autoría
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Autoría:
Laura Sánchez – Abogada experta en financiación inmobiliaria,
reestructuración de deuda y gestión de activos en España
y Latinoamérica.
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loan-to-own.
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