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NPL INMOBILIARIO Y LOAN-TO-OWN: EL NUEVO TABLERO DE LA OBRA

30 de enero de 2026
¿Qué guía práctica soluciona este tipo de casos?
¿Qué debe saber un profesional en un caso práctico como el de la noticia?
  • La compra de deuda inmobiliaria (NPL/RPL) y la estrategia loan-to-own han dejado de ser un asunto exclusivo del inversor oportunista para convertirse en una palanca de continuidad de obra, control de riesgos y recuperación de valor. Cuando un proyecto se atasca por sobrecostes, retrasos, caída de preventas o un tipo de interés que ya no encaja, el activo puede seguir siendo viable, pero el capital no. En ese punto, el crédito pasa a ser el camino más corto hacia el control real. La pregunta guía es simple: ¿qué debe exigir un promotor, un constructor y un inversor para convertir un NPL en un plan de finalización y salida con disciplina de coste y financiación?
Este artículo explica por qué la compra de NPL/RPL orientada a loan-to-own está impactando directamente en la construcción: obra en curso, contratos tensionados, CAPEX de completion, conflictos con contratistas y necesidad de control rápido. Se propone un marco práctico: decidir entre descuento, control y tiempo; diseñar un underwriting dual (reestructuración vs enforcement); y montar un modelo operativo con servicing, SLAs, KPIs y “decision log” para evitar el litigio sin objetivo. Se detallan riesgos típicos (documentación incompleta, rango hipotecario, ocupación, licencias, cadena de cesiones) y se aterriza en dos casos con cifras: una promoción residencial en España con conflicto de obra y una operación en Latinoamérica con riesgo moneda e inflación. El cierre aporta recomendaciones accionables para promotor, constructor, inversor y gestor.

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COMPRA DE DEUDA INMOBILIARIA (NPL/RPL) Y ESTRATEGIAS LOAN-TO-OWN  

 
1) Por qué el loan-to-own ya no es “finanzas”, sino continuidad de obra
Durante años, el sector ha tratado el impago como un evento financiero y el retraso como un problema técnico. En la práctica, ambos se contaminan: un proyecto con certificaciones discutidas, desviación de coste y tensión de tesorería acaba deteriorando su estructura de financiación; y un préstamo en impago termina generando decisiones técnicas forzadas, con CAPEX diferido y pérdida de calidad. Aquí entra el loan-to-own: el inversor compra el derecho de cobro con descuento, pero su objetivo real es capturar el control del activo, ordenar la obra y ejecutar un plan de salida. El constructor y el promotor deben entenderlo porque, cuando llega el nuevo acreedor, cambia la lógica: la prioridad ya no es “aguantar”, sino “controlar” y medir cada euro de coste en función de tiempo y precio final.

2) El triángulo de decisión: descuento, control y tiempo
La compra de NPL/RPL no se gana solo por precio. Se gana por capacidad de control y por velocidad para transformar el crédito en decisiones operativas. El descuento es la palanca visible: compras a un porcentaje del saldo o del valor del colateral. El control es la palanca determinante: rango hipotecario, intercreditor, prendas, garantías sobre cuentas, cesiones de rentas, y derechos de step-in. Y el tiempo es la variable que mata la TIR: plazos de ejecución, litigio, licencias, toma de posesión, reposicionamiento y comercialización. En loan-to-own, el error típico es pagar “como si” el control fuese inmediato y el calendario lineal. La disciplina consiste en modelizar retrasos, fricciones y costes de control como si fuesen CAPEX: porque lo son, aunque se paguen en abogados, tasas, gestión y mantenimiento.

3) Underwriting dual: reestructurar o ejecutar (y decidir sin autoengaños)
La metodología que mejor funciona en loan-to-own es el underwriting dual: dos caminos completos desde el día 1. Camino A: reestructuración, con convenios operativos, cash sweep y gatillos de control que convierten al acreedor en gestor de facto sin adjudicar. Camino B: enforcement, con presupuesto por fases, calendario de hitos, estrategia de subasta/adjudicación y plan de posesión. La decisión no se toma por ideología (“negociar siempre” o “ejecutar siempre”), sino por test de control: si el acreedor no puede activar palancas claras en 90–120 días, su plan A es humo. A la vez, un plan B sin presupuesto y sin estrategia de ocupación suele convertirse en litigio infinito. El inversor profesional trata el plan B como un proyecto: con coste, plazo, responsables, riesgos y métricas.

4) Lo que el sector de la construcción debe mirar cuando “manda” el crédito
Cuando el control se desplaza al acreedor, la obra deja de ser un flujo continuo y pasa a ser un programa de recuperación. En ese programa hay tres frentes críticos para constructor y promotor. Primero, la verdad del avance físico: mediciones, certificaciones, cambios y partidas pendientes, sin confundir “pagado” con “ejecutado”. Segundo, la gobernanza de caja: cuenta controlada, waterfall operativo y reglas de desembolso (drawdowns) por hitos verificables. Tercero, el riesgo contractual: si el contrato de obra está roto (reclamaciones cruzadas, penalidades, suspensión), hay que decidir rápido entre continuidad pactada o sustitución. El loan-to-own no premia la heroicidad; premia la transparencia y la capacidad de ejecutar un completion plan con coste máximo y calendario realista.

5) Servicing y proveedores: el riesgo silencioso que se come la recuperación
La compra de NPL/RPL se industrializa con servicing, pero el servicing mal gobernado destruye valor. El inversor que busca control necesita un modelo claro: master servicer para operación estándar y special servicer para casos de obra en curso, litigio, ocupación o reestructuración compleja. El punto clave es alinear incentivos: KPIs y SLAs basados en control y net recovery, no en “actividad”. Si se paga por expedientes abiertos o por demandas presentadas, el sistema empuja al litigio sin objetivo. El sector de la construcción lo sufre porque un pleito prolongado degrada el activo: se difiere CAPEX, se deteriora el mantenimiento y la reputación comercial se hunde. La receta es sencilla: panel de proveedores con tarifas y tiempos, reporting mensual, auditoría de hitos y un “decision log” que evite que decisiones críticas queden en llamadas sin rastro.

6) Riesgos recurrentes: lo que rompe el plan y cómo se detecta pronto
En operaciones loan-to-own, hay cinco grupos de riesgos que aparecen una y otra vez. El primero es documental: loan files incompletos, cesiones sin trazabilidad, saldos no conciliados, novaciones ocultas o acuerdos verbales. El segundo es registral: rango hipotecario, cargas, embargos, servidumbres, arrendamientos o afecciones urbanísticas. El tercero es procesal: incidencias, oposiciones, medidas cautelares y dilaciones, que impactan directamente en calendario y coste. El cuarto es técnico: obra real vs certificaciones, patologías, falta de licencias, sobrecostes de completion, dependencias críticas de supply chain. El quinto es reputacional: ocupación, conflicto social, comunicaciones mal gestionadas y decisiones sin trazabilidad. Detectarlos no exige magia: exige checklist, semáforos y la voluntad de declarar “no-go” cuando el control no existe.

RECUADRO. Seis reglas de disciplina para un loan-to-own que funcione
1) Si no controlo, no compro: el control se demuestra en documentos, rangos y derechos, no en intenciones.
2) Siempre dos planes completos: reestructuración con gatillos y enforcement presupuestado, desde el primer día.
3) El tiempo es un coste: cada mes de retraso se modeliza como pérdida de VAN y aumento de coste total.
4) Caja gobernada: cuenta controlada, reglas de drawdown y reporting; sin caja, no hay completion.
5) Proveedores medibles: SLAs y KPIs por resultado (control y net recovery), no por actividad.
6) Documentación o descuento: si falta evidencia crítica, se corrige con CPs, retenciones o precio. Si no, se camina.

7) Caso práctico España: obra en curso con sobrecoste y conflicto con contratista
Una promoción residencial de 72 viviendas en periferia metropolitana llega al 65% de avance físico con un atasco de tesorería. El promotor acumula desviación de coste por 1.650.000 € (materiales y cambios), se rompe la relación con la constructora y se paralizan trabajos. El banco decide vender el NPL: saldo vivo 18.400.000 € (principal) más 900.000 € de intereses y comisiones. Un inversor compra por 11.600.000 €, con objetivo loan-to-own: completar y vender. El underwriting fija dos escenarios. Escenario A (reestructuración): standstill de 120 días, cash sweep de preventas, cesión de control operativo (project monitor + aprobación de certificaciones) y compromiso de completion facility de 2.800.000 € a tipo variable con cap, condicionado a hitos. Escenario B (enforcement): presupuesto legal de 240.000 €, plazo base 14 meses hasta control efectivo, más CAPEX mínimo de preservación 180.000 €.

La operación se diseña con protecciones: retención de 600.000 € en escrow por documentación de obra y posibles reclamaciones; condiciones precedentes para entrega de contrato de obra, últimas certificaciones y evidencias de licencias y seguros; y un acuerdo de transición que obliga a inventario técnico completo en 30 días. El plan de completion se cierra con una decisión dura: renegociación con la constructora con auditoría de mediciones. El coste acordado de finalización queda en 4.200.000 € con contingencia del 10% (420.000 €), calendario 8 meses, penalidades simétricas y cuenta de pagos controlada. Para recuperar preventas, se revalida cartera: 18 contratos siguen, 9 se rescinden por impago y se relanzan con nuevo precio objetivo. El inversor proyecta ingresos de 22.900.000 € por ventas, con coste total (compra deuda + completion + OPEX + legal) de 17.000.000 €. La TIR objetivo se fija en 17,5% con sensibilidad: si el plazo se alarga 6 meses, la TIR cae a 12,8% y el VAN se reduce en 1.100.000 €. Con esa disciplina, el comité aprueba “control por caja” y cero tolerancia al retraso sin causa.

8) Caso práctico Latinoamérica: control, moneda e inflación en un activo mixto
Un préstamo RPL reestructurado está garantizado con un activo mixto (locales comerciales y oficinas) y un suelo con potencial de ampliación. El saldo es equivalente a 24.000.000 € en moneda local, pero la inflación anual esperada supera el 25% y hay restricciones intermitentes de pagos al exterior. El vendedor acepta 13.500.000 € equivalentes, con descuento por riesgo país. El inversor quiere control sin depender de una ejecución lenta, así que estructura la operación con doble capa: compra del crédito y prenda de acciones del vehículo propietario del activo, más covenants de caja. El plan se apoya en indexación de rentas y cláusulas de moneda fuerte cuando el mercado lo permite, y en un CAPEX de eficiencia y seguridad de 900.000 € para estabilizar ocupación.

El riesgo clave es la “ilusión de cobro”: si la caja se queda en moneda que se deprecia y no se puede repatriar, la recuperación real cae aunque el NOI suba. Por eso el modelo introduce un “haircut” de conversión y un buffer adicional de 1.200.000 € en precio máximo. El acuerdo con el deudor se plantea como amend & extend con gatillos: si la ocupación baja del 78% o el DSCR cae por debajo de 1,20x durante dos trimestres, se activa step-in operativo y se puede ejecutar la prenda de acciones. La salida prevista tiene dos rutas: venta del activo estabilizado a inversor local (en moneda fuerte) o venta del crédito reempaquetado con documentación completa. En ambos casos, la disciplina es la misma: control del dato, control de caja y calendario de decisiones con comité mensual. El éxito aquí no depende de “adivinar” la moneda, sino de diseñar contratos que no te dejen atrapado.

9) Qué significa esto para promotores y constructoras: adaptarse antes de que llegue el nuevo acreedor
Para el promotor, el loan-to-own implica que la negociación se profesionaliza: el acreedor que compra deuda no busca solo cobrar; busca controlar. Eso obliga a tener documentación impecable, reporting de obra fiable, y un plan de viabilidad realista antes de pedir esperas o quitas. Para la constructora, significa que el “cliente” puede cambiar: el nuevo acreedor exigirá auditoría de mediciones, control de certificaciones, penalidades equilibradas y transparencia de costes. Quien tenga procesos, trazabilidad y capacidad de trabajar con cuentas controladas tendrá ventaja. Para ambos, la conclusión es incómoda pero liberadora: la financiación y la obra ya no se gestionan en silos. La obra sin caja es un riesgo financiero; la deuda sin plan técnico es una ficción contable.

Conclusiones operativas (4–6 recomendaciones accionables)
1) Para promotor: prepare un paquete “control-ready” antes de la crisis (contratos, licencias, seguros, certificaciones, cuadro de tesorería). Facilita reestructuración y evita descuentos destructivos.
2) Para constructora: adopte contratos y procedimientos compatibles con control por caja (drawdowns, project monitor, reporting mensual). Es la nueva normalidad en obras tensionadas.
3) Para inversor: aplique underwriting dual y test de control en 90–120 días. Si el control no es demostrable, ajuste precio o salga del proceso.
4) Para gestor de activos: gobierne el servicing con SLAs y KPIs por resultado (time to control, net recovery, coste por fase). Evite el litigio sin objetivo y documente cada decisión.
5) Para todos: conviertan el tiempo en una variable financiera explícita. Modelicen retrasos como pérdida de VAN y aumento de coste total, y definan “walk-away points” antes de enamorarse del activo.
6) Para operaciones internacionales: diseñen protección de caja y estructura de cobros desde el inicio. Sin disciplina de moneda, covenants y repatriación, la recuperación es un espejismo.

Autoría y CTA (obligatorio)
Autoría: Laura Sánchez – Abogada experta en financiación inmobiliaria, reestructuración de deuda y gestión de activos en España y Latinoamérica.

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