| En
construcción, la financiación no solo paga el CAPEX: gobierna
el ritmo del proyecto. Cuando la caja se tensiona, el daño se propaga
por la cadena: el contratista endurece condiciones, el suministro se encarece,
el subcontratista prioriza otras obras y la producción entra en
un ciclo de retrasos que eleva el coste pendiente y deteriora la calidad.
En paralelo, el promotor se enfrenta a una segunda batalla silenciosa:
la comercial. Las preventas se vuelven frágiles, los compradores
exigen certezas y cualquier rumor sobre paradas dispara desistimientos.
En ese punto, las métricas financieras (DSCR, LTV, curva de caja)
y las métricas de obra (camino crítico, certificaciones,
contingencias) dejan de ser informes separados. Son el mismo tablero.
Lo que muchas
organizaciones subestiman es que la reestructuración no se “firma”
y ya. Se implementa. Y la implementación exige una arquitectura
operativa: control de caja, reglas de drawdown, gobernanza, reporting y
mecanismos de decisión que eviten el “scope creep” y las concesiones
invisibles. Por eso, una guía práctica de reestructuración
de deuda es especialmente útil para una revista de construcción:
porque conecta contratos, certificaciones, claims, planificación
y disciplina de tesorería con la negociación financiera.
Marcos y metodología
Tres herramientas,
tres objetivos, una misma lógica: ganar tiempo, recuperar viabilidad
o rediseñar el control.
Standstill.
Es una parada táctica. Su finalidad es suspender remedios y evitar
aceleración durante un periodo corto, pero condicionado. La clave
es que no suspende la realidad: suspende la reacción jurídica
inmediata para permitir diagnóstico, term sheet y control de caja.
Funciona cuando el activo conserva valor y el problema es de tiempo, información
o coordinación. Si el standstill no está ligado a hitos,
se convierte en una “tregua vacía” que solo aplaza el colapso.
Amend &
extend. Es modificar y alargar. Ajusta vencimientos y covenants al calendario
real del proyecto, redefine economía (margen, comisiones, carencias)
y refuerza controles. Funciona cuando el proyecto es viable con replanificación
y disciplina. Aquí la metodología consiste en rebaselinar:
nueva línea base de coste, plazo y ventas, y a partir de ella diseñar
covenants operativos medibles y un circuito de drawdowns que proteja el
avance sin asfixiarlo.
Equitización.
Es convertir deuda a capital, total o parcialmente. Entra en juego cuando
el promotor está sobreapalancado, no hay capacidad real de refinanciación
y la recuperación exige recapitalización y gobernanza nueva.
La metodología pivota sobre valoración defendible (pre-money/post-money),
derechos económicos (preferencias, ratchets, earn-outs), y, sobre
todo, reglas de salida para no quedarse atrapado en un bloqueo societario.
En las tres,
la construcción aporta un elemento diferencial: la caja no se explica
solo con un Excel. Se explica con certificaciones, órdenes de cambio,
claims y ritmos de suministro. Por eso, la reestructuración eficaz
integra un “monitor” técnico-financiero o un esquema equivalente
de certificación independiente, y define qué evidencia es
aceptable para cada decisión.
Análisis:
causas, riesgos y barreras
El detonante
típico es una combinación de tres fuerzas.
Primera, desviación
de coste. Puede venir de revisión de precios, cambios de alcance,
errores de medición, o simplemente de una contingencia mal dimensionada.
A nivel financiero, el problema se traduce en un gap de caja: el coste
pendiente supera el presupuesto financiado y obliga a elegir entre parar,
renegociar o inyectar “new money”.
Segunda, plazo.
Un retraso de licencia, un cuello de botella de suministro o un claim que
se enquista reescribe el calendario. El retraso no es solo tiempo: es coste
financiero. Aumentan intereses, comisiones, gastos generales, costes de
estructura y, en muchos casos, garantías y avales. El tipo de interés
aquí actúa como multiplicador: cuanto más alto, más
rápido se degrada DSCR y más sensible se vuelve la operación.
Tercera, comercial.
La absorción real se desvía del plan. Si se ralentiza el
ritmo de ventas o se retrasa el cobro, la obra puede estar avanzando “bien”
pero la caja no. Esto es especialmente crítico cuando el modelo
dependía de preventas para financiar fases.
Las barreras
suelen ser de gestión, no de teoría. Datos inconsistentes,
contratos sin trazabilidad, reporting “para cumplir” y decisiones que se
toman por urgencia sin registro. El acreedor no financia dudas. Y el contratista
no produce con incertidumbre. Por eso, el primer objetivo operativo de
una reestructuración es crear una versión única de
la verdad: un modelo financiero defendible, un estado de obra verificado
y un mapa de deuda y garantías sin zonas grises.
IDEA CLAVE
La reestructuración
de deuda del promotor no es un documento: es un sistema de control. Si
no hay caja protegida, certificaciones verificables y decisiones registradas,
la negociación se convierte en un intercambio de promesas. Y en
obra, las promesas se traducen en retrasos, claims y pérdida de
valor. El método consiste en ligar tiempo y concesiones a hitos
medibles.
Casos prácticos
(ejemplos hipotéticos)
Ejemplo hipotético
1: Standstill para evitar la parada por retraso de licencia
Una promoción
residencial en zona litoral mediterránea inicia obra con licencia
parcial y previsión de licencia completa en 90 días. Se produce
un retraso administrativo de 4 meses. La obra avanza, pero el calendario
comercial se atasca porque parte de las preventas se condicionan a hitos
registrales. El promotor entra en tensión de caja y se activa un
default técnico por un covenant de liquidez.
La solución
no fue “pedir paciencia”, sino diseñar un standstill finalista.
Se acordó una suspensión de remedios durante 10 semanas,
con hitos semanales: entrega de modelo financiero rebaselined, informe
de coste pendiente con contingencias, y calendario de licencias con plan
de mitigación. Se implantó un protocolo de control de caja
con doble autorización y un payment pack semanal. Se preservó
la continuidad de obra priorizando pagos críticos (estructura, seguros,
suministros estratégicos) y se congelaron gastos no esenciales.
La salida del standstill quedó predefinida: si la licencia completa
llegaba en fecha y el coste pendiente se mantenía dentro de umbral,
se firmaría un amend & extend con extensión de vencimiento
y reset de covenants. Si no, se activaría plan B de venta parcial
de activo o entrada de socio.
El aprendizaje
fue claro: el standstill funciona cuando compra tiempo a cambio de información
verificable y control de caja. Si el promotor no puede entregar datos consistentes,
el standstill se convierte en una cuenta atrás.
Ejemplo hipotético
2: Amend & extend con “new money” para cerrar el gap de coste pendiente
Una promoción
en provincia interior del norte sufre revisión de precios y un claim
relevante del contratista por cambios de proyecto. El coste pendiente aumenta
un 9,5 % y el plazo se alarga 5 meses por impactos en suministro. El préstamo
promotor está diseñado con un calendario de amortización
que no encaja con el nuevo camino crítico, y el DSCR proyectado
cae por el aumento del coste financiero asociado al tipo de interés.
La reestructuración
se planteó como amend & extend con disciplina de obra. Se extendió
vencimiento 18 meses, se introdujo carencia parcial y se reprogramó
amortización alineada con hitos reales de entrega. Se reseteó
el paquete de covenants: menos métricas “de manual” y más
métricas operativas, con testing y umbrales graduados y cure rights
definidos. Se incorporó “new money” ring-fenced para cubrir el gap,
con prioridad acotada y desembolsos por hitos certificados. Se reforzó
el circuito de drawdowns: certificación técnica independiente
del avance, certificación financiera del uso de fondos y reservas
obligatorias de contingencia e impuestos.
La clave no
fue el papel, sino el control. Se congeló el alcance post-cierre,
se implantó un proceso de change control y se estableció
un semáforo de desviaciones que activaba waivers limitados o mini-enmiendas
sin reabrir toda la operación. El aprendizaje: un amend & extend
que no rebaselina coste, plazo y alcance es una reestructuración
“cosmética” que vuelve a fallar.
Conclusiones
operativas
1) Para el
promotor: trate la reestructuración como un programa de continuidad
de obra. Antes de negociar, reconstruya una versión única
de la verdad con modelo financiero, coste pendiente, camino crítico
y mapa de deuda. La credibilidad es el activo más rentable en crisis.
2) Para el
constructor y project manager: exija reglas claras de certificación
y pagos. La obra no puede avanzar con incertidumbre de caja. Un protocolo
de control de caja con payment pack y prioridades reduce claims, evita
fricciones y protege el plazo.
3) Para el
inversor y financiador: condicione concesiones a hitos verificables. En
standstill, el tiempo se compra con entregables. En amend & extend,
el valor se preserva con covenants operativos y drawdowns controlados.
En equitización, el control se justifica con plan de 100 días
y salida vendible.
4) Para todos
los stakeholders: gobiernen la información. Data room con reglas,
Q&A trazable, confidencialidad y control de versiones. Las decisiones
sin registro son litigios futuros.
5) Sobre el
tipo de interés: integre stress testing en covenants y gatillos.
No basta con “resetear” métricas. Defina acciones automáticas
y tempranas cuando la curva de caja se desvíe.
6) Sobre reputación
y preventas: comunique con disciplina. Un mensaje de continuidad, respaldado
por hitos y calendario verificable, protege absorción comercial
y evita el pánico que destruye valor más rápido que
cualquier default.
Autoría
y CTA
Autoría:
Juan Álvarez – consultor financiero de gestión de proyectos
inmobiliarios, control de coste y plazo, y coordinación promotor-contratista
en obra en curso.
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experiencias y propuestas sobre reestructuración de deuda de promotores,
control de caja y continuidad de obra.
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