| El
mercado ya no perdona la improvisación en el periodo previo. Durante
años se asumió que la fase “antes de obra” era un conjunto
de trámites y trabajos técnicos que, con paciencia, se resolvían.
Hoy esa lectura es peligrosa: el periodo previo compite con la obra como
principal generador de riesgo, porque combina tres fuerzas que se retroalimentan.
Primero, un calendario administrativo incierto que condiciona cualquier
fecha de entrega. Segundo, un proyecto técnico que evoluciona bajo
presión, y que puede sufrir ciclos de rediseño. Tercero,
una caja que se consume mes a mes, con un coste de oportunidad que se dispara
cuando el tipo de interés sube o cuando el inversor exige retornos
superiores por la incertidumbre.
La consecuencia
práctica es clara: la prefinanciación ya no es “gastar antes”
sino “gestionar para ser financiable”. Un promotor puede tener suelo y
demanda, pero si no puede demostrar madurez documental, control del alcance
y capacidad de ejecución, la financiación se enfría
o llega con peores términos. La conversación con el inversor
ha cambiado: ya no basta con un render y un presupuesto estimado. Se pide
una narrativa técnica y financiera coherente, respaldada por evidencias,
con CP bien definidas y un mecanismo de seguimiento que convierta avance
real en hitos verificables.
Aquí
aparece el concepto que domina los cierres: las condiciones precedentes
(CP). En esencia, las CP son el filtro del financiador para asegurarse
de que el proyecto ha reducido incertidumbre hasta un nivel aceptable antes
de desembolsar. Pero, desde la óptica del promotor, deberían
ser una herramienta de gestión interna: una lista priorizada de
“lo que hay que cerrar” para que el proyecto deje de ser una promesa y
se convierta en un activo financiable. El problema es que muchas promociones
tratan las CP como un trámite final, cuando en realidad son el tablero
de mando de toda la fase previa. Si se gestionan tarde, el cierre se bloquea;
si se gestionan desde el inicio, disciplinan el proyecto y protegen la
caja.
Para profesionalizar
esta fase, conviene separar tres planos que suelen mezclarse. El primero
es el plano de viabilidad (underwriting): hipótesis de ingresos,
absorción, sensibilidad de costes y plazos, impacto del tipo de
interés y escenarios de estrés (retrasos de 3, 6 o 12 meses).
El segundo es el plano técnico-administrativo: estrategia de licencias,
secuencia de permisos sectoriales y madurez del proyecto (del concepto
al ejecutable). El tercero es el plano documental: data room, control de
versiones y evidencias aceptables para cada CP. Cuando estos tres planos
no están alineados, el resultado típico es un proyecto que
avanza “en papeles” pero no avanza en financiabilidad: se gasta, pero no
se reduce incertidumbre.
Una metodología
robusta empieza por medir lo que antes no se medía. En el periodo
previo, no hay obra, pero sí hay KPIs de riesgo. Tres métricas
funcionan como columna vertebral. La primera es el plazo acumulado frente
a plan, con una lectura de camino crítico: no importa el retraso
global, importa qué permiso o iteración bloquea el siguiente
hito financiable. La segunda es el coste previo comprometido frente al
coste previo ejecutado, porque comprometer gasto sin control convierte
el presupuesto en un espejismo. La tercera es el nivel de madurez documental,
medido como porcentaje de CP cerradas o como un semáforo por disciplinas
(legal, técnica, licencias, comercial y financiera). Este último
indicador es el que, en la práctica, predice el cierre con más
fiabilidad: si el data room está ordenado y las evidencias son consistentes,
la negociación es más corta y menos agresiva.
La disciplina
documental merece un capítulo propio en cualquier organización
que aspire a cerrar financiación con regularidad. La mayoría
de fracasos de closing no se deben a una CP “imposible”, sino a una CP
mal definida, mal evidenciada o mal versionada. Cuando un financiador encuentra
inconsistencias entre el proyecto, el presupuesto, las mediciones y el
calendario, no discute detalles: sube el margen o exige garantías.
Por eso el control de versiones es una decisión económica,
no un capricho técnico. Adoptar un repositorio común (CDE)
con convención de nombres, permisos y trazabilidad reduce fricción
y acelera respuestas. Integrar estándares de información
como ISO 19650, y estructurar el intercambio de datos en formatos interoperables
(por ejemplo, IFC para modelos y COBie para información de activos
cuando procede) mejora la auditabilidad y, con ello, la confianza del inversor.
El otro gran
agujero de valor en prefinanciación es el control de cambios. El
“scope creep” no llega con la obra, llega antes: cambios de tipología,
variación de calidades, ajustes por requerimientos municipales,
nuevas exigencias sectoriales, iteraciones comerciales por señales
del mercado. Cada cambio tiene un coste directo (honorarios, estudios,
reemisiones) y un coste oculto (tiempo, re-trabajo, pérdida de coherencia
documental). La solución no es impedir cambios, sino gobernarlos.
Un procedimiento formal de change request, con cuantificación de
impacto en coste y plazo, y con aprobación por umbrales, convierte
decisiones emocionales en decisiones de inversión. Un promotor que
puede demostrar esta gobernanza negocia mejor, porque transmite control
y reduce la percepción de riesgo de ejecución.
En paralelo,
la estrategia de licencias debe tratarse como un camino crítico,
no como una lista de trámites. Lo relevante es identificar dependencias,
lo que puede tramitarse en paralelo y lo que, si se retrasa, paraliza toda
la operación. Además, en entornos internacionales, el reto
no es solo la velocidad administrativa, sino la variabilidad del “documento
equivalente” que acepta un financiador como evidencia. Por eso, traducir
licencias a CP financiables requiere precisión: qué se pide
exactamente, cómo se acredita, qué equivalencias se admiten,
y qué garantías alternativas pueden compensar un riesgo residual
cuando la licencia no está totalmente cerrada. La financiación
puente, los escrow, las retenciones y los desembolsos por hitos son herramientas
útiles, pero solo funcionan si el mapa de riesgos está bien
construido.
Casos prácticos
Caso práctico
1 (España). Retraso de licencia y coste del tiempo en una promoción
residencial
Una promoción
de 108 viviendas en un entorno urbano consolidado plantea un CAPEX estimado
de 22.800.000 € y un calendario de 24 meses desde inicio de obra a
entrega. El periodo previo se presupuestó en 720.000 € (proyecto,
estudios, tramitación, legal y comercial), con una contingencia
del 10 %. El promotor avanza sin una matriz de CP viva: el data room mezcla
versiones y no existe control formal de cambios. A los 4 meses, llega un
requerimiento de subsanación que obliga a ajustar accesibilidad
y evacuación, reemitiendo parte del proyecto. Se consumen 95.000
€ adicionales y se pierden 10 semanas. La licencia se retrasa 6 meses
en total por iteraciones sucesivas. Mientras tanto, la caja mensual (burn
rate) sube a 145.000 € al sumar consultorías, comercial y gastos
societarios.
El impacto
financiero es doble. Primero, el coste directo del retraso: 6 meses adicionales
suponen 870.000 € de caja consumida (145.000 € x 6), más
un incremento de honorarios por reemisiones. Segundo, el coste de oportunidad
y de financiación: el inversor exige una prima de riesgo por incertidumbre
documental, elevando el tipo de interés del tramo puente del 9,5
% al 11,5 % para cubrir el gap hasta el préstamo promotor. En la
actualización del plan de negocio, la TIR del equity baja del 16,2
% al 12,8 % y el VAN se reduce en 1.250.000 € (importe aproximado
a efectos de ejemplo; sustituya por el dato real de su proyecto).
La reconducción
se apoya en tres medidas operativas. Primero, se implanta un “closing manager”
documental y una matriz de CP con responsable, evidencia y fecha de cierre,
priorizando licencias y coherencia proyecto-presupuesto. Segundo, se congela
el diseño por hitos y se activa change control con umbrales de aprobación:
lo que es requisito de licencia pasa, lo que es mejora comercial se difiere.
Tercero, se renegocia con consultores un esquema por entregables con cap
de reemisión, reduciendo el riesgo de coste variable. El resultado
es una reducción del burn rate a 105.000 € mensuales y una
ruta de cierre por sprints documentales de 15 días, que devuelve
credibilidad al inversor y estabiliza términos.
Caso práctico
2 (Latinoamérica). Permiso sectorial crítico y financiación
puente con desembolsos por hitos
Una promoción
de uso mixto (residencial y comercial) en un área de crecimiento
metropolitano planifica 180 unidades residenciales y 3.600 m² comerciales.
El promotor estructura un periodo previo de 14 meses con un coste objetivo
de 980.000 €, financiado con 520.000 € de recursos propios y
600.000 € de financiación puente. El underwriting asume que
la licencia principal se obtendrá en 9 meses, pero no incorpora
adecuadamente un permiso sectorial de acceso viario y capacidad de servicios.
El permiso sectorial se convierte en stopper risk: sin él, la licencia
queda condicionada y el financiador del préstamo promotor no acepta
desembolso completo.
El puente vence
antes del cierre del senior por el retraso del permiso. En el mes 10, el
proyecto ha consumido 860.000 € y el burn rate se mantiene en 120.000
€ mensuales. La alternativa de “esperar” pone en riesgo la liquidez
y la reputación con preventas. La solución se plantea como
una reestructuración por hitos: el financiador acepta extender el
puente 8 meses, pero transforma su riesgo en CP por niveles. Se crea una
cuenta dedicada para gastos previos y se pactan desembolsos por hitos verificables:
entrega de documentación sectorial completa, admisión a trámite,
cierre de observaciones clave y emisión de informe técnico
favorable. Además, se retiene un 15 % del importe del puente como
colchón de contingencia documental.
En paralelo,
se ajusta el plan de proyecto con un rediseño mínimo viable
para cumplir el permiso sin reabrir el producto completo, evitando ciclos
de reemisión. Se reduce el alcance de optimizaciones no críticas
y se protege la caja, bajando el burn rate a 90.000 € mensuales mediante
recorte de consultorías accesorias y reprogramación de pagos.
El promotor refuerza el reporting mensual al inversor y al financiador:
estado de CP, estado de caja y top 5 riesgos con mitigaciones. El efecto
es estabilizar la operación, sostener preventas y recuperar un calendario
defendible que permita el cierre del préstamo promotor con condiciones
aceptables.
Conclusiones
operativas
1. Trate el
periodo previo como una operación financiable, no como un trámite.
La prefinanciación exige KPIs, gobernanza y disciplina de evidencias
desde el mes 1.
2. Convierta
licencias y permisos en camino crítico con dependencias. Identifique
stopper risks sectoriales y traduzca cada permiso a CP concretas con evidencias
aceptables.
3. Imponga
presupuesto objetivo del gasto previo y gestione la caja como “runway”.
Controle comprometido vs ejecutado y proteja contingencias; el coste del
retraso es tan real como el coste del proyecto.
4. Implante
change control antes de que aparezcan las subsanaciones. Un procedimiento
de cambios con impacto cuantificado evita el scope creep y mejora la negociación
con el inversor.
5. Ordene
el data room como si fuera parte del producto. Control de versiones, repositorio
(CDE) y coherencia técnica-presupuestaria reducen fricción,
recortan plazos de cierre y bajan prima de riesgo.
6. Diseñe
la financiación puente con salida y protecciones. Tramos por hitos,
cuenta dedicada, retenciones y CP por niveles son herramientas útiles,
pero solo si existe un mapa de riesgos realista.
Autoría
y CTA
Autoría:
Jorge Moreno – abogado financiero experto en gestión de promociones
inmobiliarias, licencias y cierres de financiación.
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en promociones inmobiliarias.
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