| La
revisión de precios ya no es “un ajuste”: es un test de supervivencia
Durante años,
muchos equipos han tratado la revisión de precios como una cláusula
más dentro del contrato. Un texto que se añade “por si acaso”,
con una fórmula basada en índices, un umbral mínimo
y un procedimiento de notificación. El problema es que el entorno
ha cambiado: la volatilidad en materiales críticos, los cuellos
de botella y la exposición por calendario han convertido el coste
de obra en una variable sensible, con impactos no lineales. Una subida
del 8% en un paquete estratégico puede provocar un efecto dominó:
tensiona la certificación, obliga a replantear compras, altera la
ruta crítica y aumenta el coste financiero al alargar el plazo.
Y cuando el plazo crece, la financiación no perdona.
En términos
prácticos, el promotor se enfrenta a una trampa frecuente: el incremento
de coste llega antes que el dinero. Primero aparecen las órdenes
de compra revisadas, después las tensiones de proveedor, más
tarde los desajustes en certificación y, por último, la llamada
del financiador exigiendo explicaciones. Si no existe disciplina documental,
el financiador percibe incertidumbre y responde con retención de
importes o con retrasos en el desembolso. El resultado se ve en obra: paradas,
pérdida de productividad y sobrecostes adicionales. Por eso, la
revisión de precios en obra debe entenderse como una parte del sistema
de gobernanza de proyecto, no como un conflicto puntual.
Cómo
se transmite la inflación a la obra: calendario, exposición
y paquetes críticos
La inflación
en construcción no se comporta como la inflación general.
Se concentra en materiales y equipos con dependencia exterior, alta energía
incorporada y fuerte presión logística. Además, la
exposición real no depende solo de “cuánto sube el índice”,
sino de cuándo se compra. Dos proyectos con el mismo presupuesto
pueden sufrir impactos completamente distintos si uno cierra compras temprano
y otro deja paquetes abiertos hasta el último momento. A esa dinámica
se añade el “efecto calendario”: cuanto más se retrasa un
hito, más tiempo está el proyecto expuesto a incrementos
acumulados y a costes de permanencias. Es decir, inflación y plazo
se multiplican, no se suman.
Este enfoque
obliga a pensar en cestas de materiales y en regionalización. No
es lo mismo un paquete de estructura y fachada en una zona con alta dependencia
de importaciones, que un paquete de acabados con proveedores locales y
alternativas equivalentes. Por eso, los índices y fórmulas
solo funcionan si representan la realidad de los paquetes del proyecto.
Cuando se elige un índice genérico, o se aplican ponderaciones
sin lógica de compras, se crean incentivos perversos y disputas
inevitables. Lo también crítico es evitar la doble contabilización:
un mismo incremento no puede cobrarse a la vez como revisión indexada,
como cambio de alcance y como improductividad. Si no se separan conceptos,
el cost-to-complete se contamina y la financiación se vuelve más
dura.
Arquitectura
contractual: la diferencia entre un ajuste bancable y un agujero negro
No existe un
modelo contractual perfecto, pero sí existen modelos adecuados para
cada riesgo. El precio cerrado puede funcionar si el proyecto está
definido, si las interfaces están resueltas y si se ha hecho una
licitación limpia. Sin embargo, cuando aparecen indefiniciones,
interferencias o cambios de promotor, el “precio cerrado” muestra sus fugas:
precios nuevos, órdenes de cambio, costes indirectos discutidos
y reclamaciones de plazo. Los precios unitarios ofrecen flexibilidad, pero
requieren mediciones sólidas y una gestión muy disciplinada
para que no se conviertan en una fuente constante de desviación.
En los entornos
de mayor volatilidad, los modelos colaborativos cobran ventaja: coste objetivo
(target cost) y open book reducen litigios porque convierten el problema
en una conversación de datos. No se trata de “quién gana
el conflicto”, sino de cómo se preserva la viabilidad. El GMP, por
su parte, puede estabilizar importes si se diseña con claridad:
qué cubre, qué queda fuera, cómo se gestiona la contingencia
y cómo se reparten ahorros y sobrepasos. En todos los casos, la
clave es la misma: procedimiento. Definir evento revisable, evidencias
mínimas, plazos de notificación, mecanismos de aprobación
y efectos sobre certificación. Sin ese guion, el financiador no
puede confiar.
Control de
coste y cost-to-complete: el lenguaje que entiende la financiación
En promoción
inmobiliaria, el presupuesto inicial es una fotografía. El presupuesto
vivo es una película. Y el financiador solo financia películas
con guion. El cost-to-complete es la pieza central porque traduce la obra
a una cifra: cuánto falta realmente para terminar, con riesgos abiertos
y contingencias remanentes. Cuando se construye bien, permite anticipar
brechas de financiación, planificar equity cure, decidir rebaseline
y proteger los drawdowns. Cuando se construye mal, el proyecto entra en
un ciclo tóxico: el financiador duda, retiene importes, la obra
se frena, y el coste final sube aún más.
Una disciplina
profesional de forecasting combina tres capas. Primera, EAC por paquete:
estructura, MEP, fachada, ascensores, urbanización, etc. Segunda,
riesgos: qué eventos pueden materializarse y qué reserva
queda. Tercera, plazo: permanencias y resecuenciaciones que generan coste
oculto. Si además se añade una tesorería de 13 semanas,
el equipo deja de “adivinar” y empieza a gobernar. No se trata de hacer
un Excel bonito, sino de decidir con anticipación qué pagos
son críticos, qué compras deben cerrarse y qué compromisos
no se pueden asumir sin caja.
En dos ideas
(sin adornos)
-
Si el promotor
no puede demostrar, con evidencias, cuánto cuesta terminar y por
qué, la financiación tenderá a frenar el flujo. Y
si la financiación frena el flujo, la obra tiende a encarecerse.
Romper ese bucle exige método: cost-to-complete robusto, procedimiento
de cambios, y reporting que convierta el riesgo en un plan.
Casos prácticos:
cuando el papel toca la obra y la caja
Caso práctico
1 (España): residencial build-to-sell con acero al alza
Un promotor
inicia una promoción de 110 viviendas con un contrato de estructura
adjudicado con precios ajustados. A mitad de la compra de ferralla y perfilería,
el proveedor revisa importes y anuncia plazos más largos. La constructora
traslada el incremento como revisión de precios “automática”,
sin separar qué parte corresponde a índice y qué parte
a compras no cerradas. El promotor reacciona con un comité de costes
semanal: activa un procedimiento formal de evento revisable, exige evidencias
de órdenes de compra y albaranes, y solicita una valoración
preliminar que diferencie precio, plazo e improductividad. En paralelo,
ajusta el plan de compras: cierra hormigón y encofrado con acuerdos
marco, y aplica value engineering en detalles no visibles para el mercado.
El punto de
inflexión llega con la financiación. El project monitor detecta
que el cost-to-complete estaba infravalorado porque no incluía permanencias
por retraso y porque asumía una contingencia no real. Se rebaselina
el presupuesto vivo con un escenario conservador y se pacta un holdback
por hitos, no una retención genérica. La obra no se detiene,
se protege el margen del promotor y se evita la escalada del conflicto.
La lección es clara: cuando la revisión se gestiona por datos,
el proyecto sigue siendo bancable.
Caso práctico
2 (Latinoamérica): drawdowns bloqueados por elegibilidad y waterfall
mal diseñado
Un promotor
ejecuta un activo de alquiler con una estructura de financiación
que exige cuenta controlada y jerarquía de pagos estricta. La inflación
local presiona importes y el equipo adelanta compras para contener subidas.
El problema aparece al solicitar un drawdown: parte de los acopios no es
elegible por falta de evidencia de titularidad, seguros y trazabilidad.
El financiador retiene importes y pide aclaraciones, lo que genera un bache
de tesorería. La constructora amenaza con ralentizar y las subcontratas
críticas exigen pagos por adelantado. En ese punto, el proyecto
no fracasa por “coste”, sino por circuito operativo.
La solución
combina técnica y finanzas. Se reconstruye la solicitud de drawdown
separando elegible, condicional y no elegible. Se formaliza un contrato
de depósito de acopios con seguro nominativo y prueba de fabricación.
Se rediseña el waterfall introduciendo una categoría de pagos
críticos de continuidad con control por hitos. Y se implanta una
tesorería semanal 13 semanas con buffer mínimo pactado. En
paralelo, se actualiza el cost-to-complete con un escenario adverso para
no engañar al financiador. El resultado es una recuperación
gradual del flujo, sin parar la obra, y con una gobernanza reforzada que
reduce el riesgo de repetición.
La tecnología
no “ahorra” por sí sola: acelera decisiones cuando hay disciplina
Muchos equipos
miran BIM 5D y herramientas de analítica como una promesa de control
automático. En realidad, su valor surge cuando se integran en un
proceso claro: una única versión de la verdad para coste,
medición, compromiso y certificación. El control 4D/5D permite
visualizar qué se ha ejecutado, qué se ha comprometido y
qué está en riesgo, por zonas y por paquetes. Si se añade
Earned Value Management (EVM) adaptado a obra privada, se pueden detectar
tendencias: un CPI que cae, un SPI que se degrada o una divergencia entre
avance físico y certificación. Eso no sustituye el criterio,
pero lo fortalece.
En escenarios
de revisión de precios, la tecnología ayuda a cerrar debates
improductivos: “cuánto está hecho”, “qué cambio se
aprobó”, “qué compra estaba cerrada” y “qué evidencia
existe”. La clave, sin embargo, sigue siendo humana: el promotor necesita
un responsable de control de coste con autoridad, un procedimiento de change
management y un reporting que no sea un trámite. Cuando todo eso
existe, la tecnología reduce fricción y evita la deriva.
Cuando no existe, solo aumenta el ruido.
Reequilibrio
financiero: waivers, rebaseline y supervivencia sin perder el proyecto
Cuando el coste
sube y el plazo se estira, el reequilibrio no es un documento: es una secuencia
de decisiones. Primero, diagnóstico: separar qué parte es
temporal y qué parte es estructural. Segundo, palancas técnicas:
reducir importe sin destruir valor, con sustituciones equivalentes, industrialización
selectiva y retender de paquetes. Tercero, palancas comerciales: sostener
ingresos sin dinamitar precio, ajustar absorción y replantear fases.
Cuarto, palancas financieras: equity cure, deuda complementaria limitada,
ajuste de calendario de disposiciones y, en ocasiones, modificación
estructural del préstamo.
La renegociación
con financiadores exige narrativa y evidencias. El financiador no quiere
buenas intenciones: quiere credibilidad, medidas ejecutables y control.
Waiver temporal no es lo mismo que modificación estructural; rebaseline
no es un maquillaje, es un nuevo punto de control. Y las coberturas, por
útiles que sean, no sustituyen el control de coste. Una cobertura
de tipo de interés puede estabilizar el coste financiero, pero si
el coste de obra se desborda, el proyecto seguirá en tensión.
La combinación ganadora es disciplina de obra, datos, reporting
y medidas acordadas con gobernanza clara.
Conclusiones
operativas: 6 acciones que evitan la crisis (y mejoran la financiación)
1) Construya
un cost-to-complete “de verdad”: por paquetes, con riesgos explícitos
y contingencia remanente verificable.
2) Implante
un procedimiento de cambios no negociable: notificación, valoración,
aprobación y trazabilidad antes de certificar.
3) Diseñe
fórmulas de revisión con lógica de compras y exposición:
cestas realistas, cap/floor y triggers claros.
4) Proteja
la tesorería con una planificación de 13 semanas y un buffer
mínimo acordado: la obra no se gestiona con intuición.
5) Evite la
doble contabilización separando revisión, cambios y productividad:
un euro no puede cobrarse tres veces.
6) Convierta
el reporting en un instrumento de confianza: si el financiador entiende,
financia; si duda, frena.
Autoría
y CTA
Autoría:
Manuel Vergara – Financiero inmobiliario experto en gestión de obra,
control de coste y project monitoring para promotores e inversores.
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experiencias y propuestas sobre prevención y gestión de revisiones
de precios en obra, control de coste y reequilibrio de financiación
del promotor.
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