La
promoción inmobiliaria ha cambiado de forma permanente
Durante años,
muchos proyectos residenciales y terciarios se han apoyado en un supuesto
implícito: el tipo variable se mantenía razonable y el coste
de construcción, aunque volátil, era gestionable con contingencia.
Ese contexto se ha erosionado. Hoy, en la práctica, la rentabilidad
de una promoción no se decide solo en el suelo o en la absorción
comercial, sino en la gestión conjunta del tipo de interés,
la inflación del CAPEX y el calendario real de obra.
El problema
es que estos tres riesgos se retroalimentan. Un retraso de licencia o de
suministro no es solo “más plazo”, sino más intereses devengados,
más presión inflacionaria sobre partidas pendientes, más
gastos generales y, frecuentemente, más tensión contractual
(claims) que acaba elevando el coste final. Si el promotor no integra coberturas
y control de desviaciones en una disciplina única, el margen se
va deteriorando por capas hasta que el proyecto se convierte en una renegociación
continua.
Dónde
se genera el riesgo de tipo y por qué “no es una cifra”, sino un
calendario
El riesgo
de tipo en un préstamo promotor no es el tipo en sí, sino
la exposición viva y su duración. La deuda a tipo variable
suele depender de un índice más un diferencial, y su coste
efectivo depende del calendario de disposiciones, de la carencia y de la
amortización real. Por eso, el primer error frecuente es “cubrir
una cifra” en lugar de “cubrir un perfil”.
En promociones
con disposiciones escalonadas, el importe máximo del préstamo
no está vivo desde el primer día. El riesgo crece con el
avance de certificaciones y alcanza un pico en mitad o final de obra, para
después descender con ventas o hitos de amortización. Si
se cubre como si toda la deuda estuviera viva desde el inicio, aparece
la sobre-cobertura, el MTM se vuelve un enemigo y el break cost puede convertirse
en un coste no presupuestado.
Inflación
de obra: cuando el CAPEX deja de ser “presupuesto” y pasa a ser “riesgo”
La inflación
de construcción rara vez es homogénea. Tiende a concentrarse
en partidas críticas, sobre todo en estructura, instalaciones, energía
y equipamientos, además de la mano de obra especializada. En entornos
tensos, el verdadero problema no es solo el sobrecoste, sino el desplazamiento
temporal del sobrecoste: la obra “se come” la contingencia antes de tiempo
y el proyecto empieza a financiar desviaciones con caja que estaba destinada
a intereses, comercialización o impuestos.
Además,
la inflación tiene una particularidad incómoda: muchas veces
se materializa a través de claims y renegociaciones del contrato
de obra. Y ahí, el riesgo deja de ser solo económico para
convertirse también en contractual y operativo. Si el contrato no
define con precisión revisiones, límites, evidencias y mecanismos
de control, la inflación se transforma en un debate permanente de
mediciones, rendimientos y cambios de alcance.
El “doble golpe”
tipo + inflación y su efecto real en margen y caja
La combinación
de tipos altos e inflación elevada tiene un patrón reconocible.
Suben los intereses cuando el CAPEX sube; el promotor necesita más
caja para pagar certificaciones infladas y, al mismo tiempo, paga más
por la financiación de esa misma obra. Si además hay retrasos,
el horizonte de exposición se amplía justo cuando el coste
marginal de cada mes extra es mayor.
El resultado
típico no es una pérdida “instantánea”, sino una erosión
del margen. Aparecen descuentos comerciales para acelerar ventas, se reduce
la capacidad de absorción del mercado, y el proyecto cae en un círculo
de “caja para hoy, rentabilidad para nunca”. En financiación, ese
círculo se manifiesta en covenants que se acercan al límite:
DSCR o ICR tensionados, LTV y LTC deteriorándose, y reservas obligatorias
que el banco exige reforzar justo cuando la tesorería está
más exigida.
Instrumentos
de cobertura: elegir bien es más importante que cubrir “mucho”
La cobertura
financiera no sustituye a una buena gestión de obra, pero sí
estabiliza el componente de financiación y evita que el margen dependa
del azar del mercado. La elección del instrumento debe partir de
un criterio operativo y de gobierno interno.
IRS (Interest
Rate Swap). Convierte variable en fijo. Es el instrumento de máxima
estabilidad presupuestaria, pero también el que puede generar más
fricción si el proyecto cambia. Un IRS protege el techo, pero introduce
el riesgo de break cost si hay cancelación anticipada o amortizaciones
extraordinarias. Su gran virtud es la previsibilidad del coste de intereses;
su gran riesgo es la rigidez.
CAP. Limita
el tipo máximo y permite beneficiarse de bajadas. Requiere prima
y, por tanto, consume caja al inicio, pero su flexibilidad suele ser superior.
En promociones con alta incertidumbre de plazo, el CAP suele ser el aliado
natural porque protege el techo sin “encadenar” el proyecto a una fijación
total.
FLOOR y collars.
Reducen la prima del CAP vendiendo protección a la baja. En versiones
“zero-cost” pueden parecer irresistibles, pero esconden un coste implícito:
renunciar a bajadas futuras. En un entorno de mercado cambiante, vender
un FLOOR agresivo puede convertir una solución de liquidez en un
problema de margen.
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Un criterio
práctico de decisión
Si tu problema
principal es la estabilidad del presupuesto y covenants, IRS. Si tu problema
principal es la incertidumbre de calendario y quieres proteger el techo
sin renunciar a bajadas, CAP. Si tu problema principal es caja hoy y estás
dispuesto a limitar mejoras futuras, collar con límites estrictos
y gobernanza reforzada.
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Curvas y pricing:
el “precio de la tranquilidad” debe entenderse
El coste real
de una cobertura no es el titular del tipo fijo o la prima. Es el conjunto
de condiciones que determinan su efecto en caja, su flexibilidad y su coste
de salida. En la práctica, comparar ofertas sin parametrizar es
una fuente de errores.
En un IRS,
el “tipo fijo” cotizado depende del calendario de pagos, de la amortización
(bullet o amortising), de la convención de day count y de la curva
utilizada para valoración. En un CAP, la prima se dispara o se reduce
según la volatilidad implícita, el strike elegido y la estructura
de resets. Si no se normalizan fechas y nocionales, el promotor acaba comparando
peras con manzanas.
Un proceso
profesional de RFQ exige definir parámetros estándar, exigir
consistencia en term sheets y evaluar no solo el precio, sino la operativa
posterior: eventos de cancelación, flexibilidad, colateral, netting
y posibles efectos de cross-default con el préstamo.
Metodología:
stress testing como disciplina de defensa de proyecto, no como “excel decorativo”
El stress
testing bien ejecutado no es un ejercicio de escenario apocalíptico,
sino una herramienta de decisión. Su valor está en anticipar
tensiones y activar medidas antes de que el covenant se rompa.
Un enfoque
mínimo de stress testing para promociones debería incluir
tres escenarios coherentes.
Escenario
base. Evolución razonable de tipo e inflación.
Escenario
adverso. Subidas por escalones, retraso moderado y presión inflacionaria
en partidas sensibles.
Escenario
severo. Tipos altos prolongados, inflación persistente, retraso
relevante y tensión comercial.
Las salidas
del modelo no deben ser solo VAN y TIR. Deben ser caja mínima, cumplimiento
de reservas, DSCR o ICR, y deterioro de LTV y LTC. Y, en proyectos con
derivados, deben incluir pagos netos, MTM y posibles llamadas de colateral.
Si el promotor no incluye estos efectos, “cree” que está cubierto
mientras construye una sorpresa.
Caso práctico
1 (España). Residencial en fases con CAP “presupuestario” y control
de obra
Un promotor
lanza una promoción residencial de 120 viviendas en dos fases. CAPEX
previsto de 18.500.000 €, suelo de 6.000.000 € y gastos indirectos
de 1.200.000 €. Financiación senior de 15.000.000 € a
tipo variable (índice trimestral + 2,25 %), con disposiciones escalonadas
durante 18 meses y salida a 30 meses. El modelo inicial soportaba un tipo
medio del 3,00 % y una inflación de obra del 4,0 %.
A los seis
meses, el mercado se endurece. El tipo efectivo sube 180 puntos básicos
frente al plan y varias partidas críticas (instalaciones y energía)
se recalientan un 9,0 %. La obra mantiene buen ritmo físico, pero
el avance económico se acelera por reprecificación de subcontratas.
El SPI se mantiene en 0,98 (plazo casi alineado), pero el CPI cae a 0,92
(deterioro de coste).
El promotor
decide un CAP amortising con strike del 4,25 % y tenor de 24 meses, financiando
la prima con reserva específica y ajustando el contrato de obra
con caps de revisión en partidas sensibles. El resultado no es “ganar
dinero con la cobertura”, sino estabilizar la caja y mantener headroom
en covenants. En el stress test severo, el CAP reduce el pico de intereses
y evita que el proyecto consuma la reserva de intereses antes del mes 18.
La conclusión del comité es clara: se protege el margen y,
sobre todo, se evita una renegociación desde debilidad.
Caso práctico
2 (LatAm). Mixed-use con riesgo de base y collar con gobernanza estricta
En un proyecto
mixto (vivienda + pequeño terciario), el promotor tiene financiación
a tipo variable referenciada a un índice local, con diferenciales
elevados y liquidez de mercado limitada. CAPEX de 24.000.000 € y calendario
de obra de 22 meses, con riesgo elevado de retraso por dependencia de importación
de equipos. La inflación de equipamientos supera el 10,0 % en escenarios
tensos y el tipo efectivo puede oscilar con brusquedad.
El promotor
evalúa un IRS, pero la flexibilidad es baja y el riesgo de MTM se
considera demasiado alto. Se decide un collar con strikes conservadores,
limitando el techo de tipo a un nivel presupuestario y vendiendo un FLOOR
no agresivo, con una política interna que prohíbe suelos
por debajo del umbral de viabilidad del business plan. Paralelamente, se
implementa un cuadro de mando de CAPEX con control de cambios, acuerdos
marco y sustituciones técnicas aprobadas por comité.
La clave del
caso es la gobernanza. El collar no se aprueba por “prima cero”, sino porque
el promotor define por escrito su tolerancia al coste de oportunidad, establece
triggers de revisión mensual y asegura que el riesgo de base se
cuantifica y se acepta formalmente. El resultado final es una cobertura
“imperfecta” pero controlable, alineada con la realidad del mercado local
y con la capacidad de gestión interna del promotor.
Cómo
integrar coberturas en el contrato de obra y la gestión de proyecto
Un error clásico
es tratar la cobertura como un contrato aislado. En realidad, debe integrarse
en el triángulo préstamo–obra–modelo financiero. La inflación
se gestiona primero con estrategia contractual y compras, y solo después
con soluciones financieras si el riesgo residual es material.
En términos
contractuales, funcionan bien tres líneas de defensa. Cláusulas
de revisión de precios con límites y evidencias, control
de cambios con disciplina (change control) y modelos de contratación
que repartan riesgo de forma explícita (target cost u open book
auditado en partidas críticas). El objetivo es evitar que la inflación
“entre” como sorpresa y obligue a cubrir a posteriori con instrumentos
caros o mal dimensionados.
En términos
de control de proyecto, la conexión con herramientas de planificación
y control de costes es directa. Un enfoque BIM 5D bien utilizado no es
solo un modelo, sino una forma de anticipar desviaciones y convertirlas
en escenarios financieros. Si el calendario se mueve, la cobertura también
debería revisarse. Si la deuda viva cambia, el nocional debería
ajustarse. Si el CAPEX se recalienta, el stress test debe activar decisiones
antes del test formal de covenants.
Conclusiones
operativas
1) No cubras
un importe, cubre un perfil. La exposición real es un calendario
de deuda viva, no el nominal máximo.
2) Elige instrumento
por problema dominante. IRS para estabilidad máxima, CAP para flexibilidad
ante incertidumbre, collar solo con límites y gobernanza reforzada.
3) Integra
cobertura y contrato de obra. La inflación se mitiga primero con
compras, cláusulas y control de cambios; después con cobertura
financiera si procede.
4) Haz stress
testing útil. Tres escenarios coherentes, con caja mínima,
covenants y derivado (pagos netos, MTM y colateral) como variables obligatorias.
5) Normaliza
el RFQ. Si no estandarizas parámetros, comparar ofertas es comparar
errores.
6) Convierte
la cobertura en disciplina mensual. Cuadro de mando, triggers, actas y
trazabilidad. Las coberturas se ganan en el seguimiento, no en la firma.
Autoría:
Manuel Álvarez – abogado y economista financiero inmobiliario
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en promociones inmobiliarias.
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