Introducción
contextual: por qué estas compras son “operación + obra +
riesgo”
La compra
de promociones en curso mediante SPVs ha dejado de ser una rareza para
convertirse en una herramienta habitual de inversión, rotación
de activos y entrada rápida en pipeline. El atractivo es evidente:
se compra un proyecto con suelo, licencia, obra y, a veces, preventas y
financiación ya desplegadas. Sin embargo, el riesgo también
es evidente: se compra un sistema en movimiento, con contratos vivos, obligaciones
frente a terceros y una obra que no entiende de firmas ni de consejos de
administración. En la práctica, el comprador no compite solo
por el precio, compite por la capacidad de cerrar sin que el proyecto pierda
ritmo, se encarezca o se “desordene” documentalmente, porque ese desorden
acaba costando dinero.
En este tipo
de operaciones, el error clásico es pensar que basta con una negociación
brillante del SPA. El SPA importa, pero no gobierna el día a día
de la obra. Lo que gobierna la obra es el EPC o el CM, las subcontratas,
la cadena de suministros, las certificaciones, la tesorería y la
relación con el financiador. Por eso, el enfoque correcto es doble:
contrato de adquisición y continuidad operativa. Si no hay continuidad,
el comprador paga dos veces: paga el importe de compra y paga el coste
del caos posterior. Y ese coste no suele ser visible en el Excel inicial,
aparece cuando ya no hay margen para corregirlo sin conflicto.
Marcos y metodología:
el “método de continuidad” que reduce sorpresas
La metodología
más eficaz parte de una idea simple: cada riesgo debe aterrizar
en una herramienta concreta. Si el riesgo es urbanístico, se protege
con condiciones precedentes, evidencias de expediente y obligaciones reforzadas
de traspaso. Si el riesgo es técnico, se protege con revisión
de avance real, controles de certificación y un mecanismo de contingencias.
Si el riesgo es contractual (change of control, cesión, novación),
se protege con un plan de consentimientos y cláusulas de continuidad.
Y si el riesgo es de financiación, se protege con waivers, calendario
bancario y control de caja. El mapa de riesgos no es un documento para
archivar, es un guion de negociación y de ejecución.
En operaciones
bien estructuradas, la transacción se gobierna como un proyecto:
responsables claros, calendario con hitos y un sistema de evidencias. El
data room debe estar ordenado para la toma de decisión y también
para el underwriting del W&I. La VDD, si existe, debe ser un acelerador,
no un maquillaje. Y el interino entre signing y closing debe tratarse como
un periodo de máxima sensibilidad, donde se prohíben actos
que alteren coste, plazo o licencias sin autorización. En paralelo,
el comprador prepara el Day 1 pack: poderes, control de pagos, comité
de cambios y comunicación con contratistas y financiadores.
La parte tecnológica
también influye. Cuando el proyecto tiene BIM 4D/5D, modelos IFC
y una disciplina de cambios, el comprador reduce incertidumbre: se entiende
qué está construido, qué falta, qué está
aprobado y qué está pendiente. Cuando no existe trazabilidad,
el comprador debe crearla rápidamente con un “corte” técnico-financiero:
estado de obra, certificaciones, claims y coste a término. No se
trata de “digitalizar por modernidad”, se trata de tener control para ejecutar
sin desviaciones y para defender decisiones si aparecen disputas.
Análisis:
los cinco riesgos que realmente rompen una compra de SPV con obra en curso
El primer
riesgo es el perímetro mal definido. Una SPV puede parecer “limpia”
y, sin embargo, arrastrar compromisos: deuda intragrupo, garantías
cruzadas, servicios del grupo vendedor, contratos no necesarios o dependencias
de sistemas. Si el perímetro no se diseña con carve-outs
y segregaciones, el comprador hereda fricción. La buena práctica
es inventariar activos y pasivos con criterio de proyecto y dejar constancia
en anexos operativos: qué se queda, qué se va, qué
se cancela y qué se novará. En compras rápidas, este
punto decide si el closing trae orden o trae ruido.
El segundo
riesgo es el cambio de control mal gestionado. Muchos EPC, CM, arrendamientos
o financiaciones incluyen restricciones o consentimientos. Si no se anticipan,
la continuidad se rompe: el contratista puede exigir revisión, el
banco puede bloquear disposiciones y algunos contratos pueden resolverse.
La solución es técnica y jurídica: plan de notificaciones,
consentimientos por escrito, novación o acuerdos directos, y, si
es necesario, TSA transitorios para sostener servicios mientras el comprador
toma control real. La compra de la SPV no debe ser un “apagón y
encendido”, debe ser una transición gobernada.
El tercer riesgo
es el coste a término mal entendido. El comprador compra una foto,
pero paga una película. El riesgo no está en lo certificado,
está en lo pendiente, en lo no medido, en lo que se ejecutó
“sin soporte”, en los acopios discutibles y en los cambios sin precio cerrado.
Por eso, el control de coste se apoya en tres piezas: (1) avance real verificado,
(2) coste a término con contingencia razonable, y (3) reglas de
change order con umbrales de aprobación. Si se compra sin estas
piezas, la desviación aparece cuando ya no se puede repercutir.
El cuarto riesgo
es el calendario y la ruta crítica. El proyecto puede estar “al
60%” y aun así estar lejos de entrega si los elementos críticos
(instalaciones, legalizaciones, suministros) están retrasados. Aquí
la clave es el rebaseline: un calendario realista, medible, con hitos y
dependencias. El comprador debe mirar el plazo como un riesgo económico
directo: cada mes adicional tiene coste financiero, coste de estructura
y, en preventas o alquiler, coste de oportunidad. Cuando el comprador negocia,
no negocia solo días, negocia importe. Y ese importe debe reflejarse
en precio, retenciones o mecanismos de protección.
El quinto riesgo
es la comunicación y la reputación. En promociones con preventas
o clientes finales, el cambio de promotor puede activar incertidumbre,
peticiones de devolución o litigios por retrasos. La continuidad
aquí es contractual, pero también operativa: protocolo de
atención, trazabilidad de depósitos, garantías y un
mensaje coherente sobre plazos y calidades. La mejor protección
jurídica se debilita si la gestión comercial es caótica.
Por eso, el plan Day 1 / Day 100 incluye también una continuidad
comercial: no se improvisa, se diseña y se ejecuta.
Herramientas
de protección: convertir el riesgo en decisiones de cierre
Una operación
madura combina herramientas, no apuesta todo a una sola. El W&I es
útil para pasivos ocultos asegurables, pero no suele cubrir urbanismo
vivo o riesgos técnicos conocidos. Las retenciones y los escrows
convierten incertidumbre en caja disponible sin litigio. Las arras reforzadas
y los contratos puente ordenan el interino, con penalidades, liberaciones
por hitos y control de caja. Las condiciones precedentes “hard” protegen
lo esencial: licencias críticas, consentimientos de EPC/CM y waivers
bancarios. Y el step-in no es un concepto teórico: es el plan de
continuidad si el contratista incumple o si la obra se degrada.
En términos
prácticos, el comprador debe preguntarse: ¿qué riesgo
puedo aceptar si tengo control? ¿qué riesgo no puedo aceptar
aunque el precio baje? Aceptar un riesgo con un plan de control es estrategia.
Aceptar un riesgo sin herramientas es azar. Por eso, la arquitectura de
la operación se diseña desde el mapa de riesgos: cada riesgo
tiene su dueño, su evidencia mínima y su mecanismo de cobertura.
Esa disciplina es lo que convierte una operación compleja en una
operación ejecutable.
Casos prácticos
Ejemplo hipotético
1: SPV con obra avanzada y EPC con change of control estricto (España)
Una SPV contiene
una promoción residencial de 128 viviendas con obra al 55% según
certificaciones, pero el avance real verificado se sitúa en el 49%.
El presupuesto total previsto es de 21.600.000 €, con un coste pendiente
estimado de 11.900.000 € y una contingencia razonable del 4,5% (535.500
€). El contrato EPC incluye una cláusula de change of control
con derecho de resolución si no existe consentimiento previo, y
la financiación exige waiver expreso para mantener disposiciones.
El comprador establece tres condiciones precedentes: consentimiento EPC
por escrito, waiver bancario y entrega de un “corte” técnico-financiero
firmado por project monitor.
La solución
combina: novación del EPC con cure period de 20 días, acuerdo
directo tripartito con step-in rights, y un escrow de 850.000 € ligado
a hitos de continuidad (rebaseline aprobado y entrega de suministros críticos).
Se pacta un control interino estricto: prohibición de change orders
sin autorización, pagos solo contra certificación validada
y mantenimiento de seguros de obra. Tras el closing, el proyecto adopta
un comité semanal y un sistema de reporting con SPI/CPI; en las
primeras 6 semanas, el SPI pasa de 0,86 a 0,95 y el CPI se estabiliza en
0,98, evitando un retraso estimado inicial de 12 semanas que habría
impactado en costes financieros y en reputación comercial.
Ejemplo hipotético
2: preventas con depósitos y riesgo de devoluciones por retrasos
(Latinoamérica)
Una SPV integra
un proyecto mixto con 96 unidades y preventas del 42%, con depósitos
agregados de 1.380.000 €. Existe retraso de 3 meses y una parte de
los contratos de preventa contiene anexos comerciales con condiciones de
devolución poco homogéneas. El comprador detecta que la trazabilidad
documental de depósitos no es completa y que las garantías
asociadas requieren sustitución tras el cambio de control. El riesgo
real no es solo jurídico, es de caja: una devolución masiva
tensaría la tesorería y pondría en peligro certificaciones
y suministros.
La solución
se diseña en capas: due diligence comercial unidad por unidad, cuenta
escrow de depósitos con reglas de uso, retención de 600.000
€ para devoluciones originadas por hechos preexistentes y un plan
de comunicación Day 1 con protocolo de atención al cliente.
Se introduce un contrato puente para el interino que limita compromisos
comerciales y obliga a reportar semanalmente incidencias de preventas.
Además, el comprador impone un “scope freeze” temporal en obra para
evitar cambios que agraven el retraso, mientras negocia con el CM un plan
de aceleración con coste controlado de 240.000 €. El resultado
es estabilización de caja y reducción del riesgo reputacional,
con un marco de continuidad que permite absorber devoluciones puntuales
sin alterar el calendario crítico ni el flujo de certificaciones.
Conclusiones
operativas: 6 recomendaciones accionables
1) Diseñe
el perímetro como si fuese un proyecto, no como una empresa. Liste
activos, pasivos, contratos y dependencias, y ejecute carve-outs y limpieza
intragrupo antes del closing.
2) Trate el
change of control como un riesgo crítico. Prepare un plan de consentimientos
por contrato (EPC/CM, financiación, preventas) y conviértalo
en condición precedente cuando afecte a continuidad.
3) Haga un
“corte” técnico-financiero del proyecto. Avance real, certificación
validada, coste a término y claims deben estar en la mesa antes
de negociar precio y garantías.
4) Use mecanismos
de protección combinados. W&I para lo asegurable; retenciones
y escrows para continuidad; arras reforzadas y contrato puente para gobernar
el interino y proteger la caja.
5) Active
un sistema de gobierno Day 1. Comité de obra, control de cambios,
reglas de pagos y reporting con KPIs (coste, plazo, caja) desde la primera
semana.
6) Proteja
la continuidad comercial si hay preventas. Depósitos, garantías,
comunicación y atención al cliente son parte de la continuidad
operativa, no un “extra” de marketing.
Autoría
y CTA
Autoría:
Marta Ferrer – Abogada especializada en M&A inmobiliario y contratos
de construcción.
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experiencias y propuestas sobre compra de SPVs, continuidad de obra y gestión
de riesgos.
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