De
la foto fija al manual de uso del activo
Durante años,
la due diligence inmobiliaria se ha concebido como una fotografía
más o menos exhaustiva del activo, la sociedad vehículo o
la cartera. Fondos y promotores encargaban informes técnicos, legales
y financieros que terminaban en un PDF voluminoso, repleto de observaciones,
reservas y salvedades. Útil para negociar precio y garantías,
sí, pero poco práctico cuando llegaba el momento de gestionar
la obra, las licencias, los contratos o los compromisos ESG. El playbook
de cierre cambia completamente el enfoque: no se limita a describir riesgos,
sino que prioriza qué debe hacerse, en qué orden, con qué
presupuesto y quién es el responsable de cada decisión.
Para un inversor
institucional, esto significa que la due diligence deja de ser un “coste
hundido” previo al cierre para convertirse en la primera fase de su plan
de negocio. Para un promotor o una constructora, implica entrar en la operación
con una hoja de ruta clara, que conecta el CAPEX comprometido, los plazos
de obra y comercialización, los covenants financieros y las obligaciones
regulatorias. La información deja de estar dispersa en anexos y
se articula en un cuadro de mandos operativo desde el día uno.
Cuatro bloques
que unifican el criterio del inversor
Una due diligence
verdaderamente integral agrupa sus hallazgos en cuatro bloques que interesan
de forma directa a fondos, promotores y financiadores: técnica,
legal, económico-financiera y ESG. La capa técnica identifica
el estado real del activo, los riesgos de obra, las patologías,
la calidad de los proyectos y el coste razonable de llevarlo al estándar
deseado. La capa legal revisa titularidades, cargas, servidumbres, planeamiento,
contratos y contingencias jurídicas que pueden condicionar tanto
la ejecución como la salida futura.
El bloque económico-financiero
conecta estos elementos con el plan de negocio: proyecciones de ingresos,
calendario de cobros y pagos, CAPEX y OPEX, estructura de financiación
y sensibilidad de la TIR del inversor al calendario real de obra, comercialización
y explotación. Por último, la capa ESG evalúa riesgos
ambientales, sociales y de gobernanza: eficiencia energética, huella
de carbono, relación con comunidades locales, cumplimiento normativo
y gobierno corporativo del vehículo de inversión. Cuando
estos cuatro ejes se integran, el inversor dispone de una visión
360º del activo y de los vectores que realmente impactan en su rentabilidad
y en su riesgo.
El valor añadido
del playbook de cierre
La diferencia
clave no es solo “hacer más due diligence”, sino transformar el
resultado en un playbook de cierre. Este documento, diseñado con
mentalidad de operación, traduce cada hallazgo relevante en acciones
concretas. Para cada riesgo técnico se define una medida de mitigación,
un responsable, un plazo y un importe estimado. Para cada salvedad legal,
se fijan los pasos de regularización o los límites que deben
incorporarse a los contratos. Las obligaciones ESG se convierten en hitos
medibles, vinculados a certificaciones, reporting y compromisos con financiadores.
El playbook
se estructura, normalmente, en un horizonte de entre 90 y 180 días
tras el cierre. Es el periodo en el que se decide si el plan de negocio
arranca bien o se enquistan problemas que luego son muy difíciles
de corregir. Para el promotor, disponer de este guion significa llegar
al día de la firma sabiendo qué hay que poner en marcha al
día siguiente: qué contratos hay que revisar, qué
licencias deben priorizarse, qué refuerzos de equipo son imprescindibles
y qué inversiones deben adelantarse para evitar desviaciones de
plazo y de coste.
Ventajas específicas
para fondos de inversión
Para los fondos,
especialmente los internacionales, la due diligence integral con playbook
de cierre ofrece varias ventajas evidentes. En primer lugar, mejora la
comparabilidad entre operaciones en distintos países y segmentos,
porque todos los activos se analizan con una matriz homogénea de
riesgos, acciones y KPIs. En segundo lugar, reduce el riesgo de ejecución:
no basta con que el activo sea “bueno” sobre el papel, hay que asegurarse
de que el promotor local dispone de estructura, procesos y gobernanza para
ejecutar el plan de negocio dentro del presupuesto y los plazos.
Además,
el playbook facilita la supervisión a distancia. El equipo de gestión
del fondo puede exigir informes de avance ligados a los hitos definidos
en la due diligence y detectar de forma temprana desviaciones que amenacen
la TIR objetivo. Finalmente, el enfoque integral y la capa ESG robustecen
la narrativa frente a comités de inversión y coinversores:
no se está comprando solo ladrillo, sino una historia de creación
de valor alineada con criterios de sostenibilidad y buen gobierno, clave
para atraer capital institucional a largo plazo.
Ventajas para
promotores y constructoras
Para el promotor
y la constructora, la primera reacción ante el concepto de due diligence
integral suele ser defensiva: más revisiones, más preguntas,
más trabajo. Sin embargo, cuando se adopta una perspectiva de medio
plazo, el playbook de cierre se convierte en un aliado. Permite ordenar
internamente lo que muchas veces ya existe de manera dispersa: procedimientos,
checklists técnicos, matrices de riesgos de obra, planes de licencias
y estrategias comerciales.
Una due diligence
bien gestionada obliga a explicitar procesos, responsabilidades y supuestos
clave del plan de negocio. Esto ayuda al promotor a detectar debilidades
organizativas antes de que se traduzcan en desviaciones de coste o plazo.
Para la constructora, el playbook clarifica estándares técnicos,
calidades, hitos de certificación y criterios de cambio de alcance,
reduciendo litigios posteriores. Y, sobre todo, facilita el acceso a financiación:
un promotor que demuestra rigor en su due diligence y en su playbook transmite
confianza a banca y fondos, mejorando su posición en la negociación
de costes de financiación y condiciones de los covenants.
Caso práctico
1: plataforma residencial en alquiler
Imaginemos
un fondo internacional que entra en una plataforma de build-to-rent con
1.000 viviendas repartidas entre España y Latinoamérica,
con un CAPEX total estimado de 180.000.000 €. La due diligence técnica
detecta que, en tres proyectos, los plazos de urbanización están
infravalorados y que habrá que asumir un sobrecoste potencial de
un 8 % si no se reprograman las fases. La due diligence legal identifica
también servidumbres de paso no documentadas y una posible afección
futura por un plan de movilidad urbana.
En un enfoque
tradicional, estas cuestiones quedarían recogidas como reservas
en el informe y quizá como ajustes menores en el precio. Con un
playbook de cierre, el fondo y el promotor pactan desde el inicio un plan
de actuación: renegociación de determinados convenios urbanísticos,
refuerzo del equipo de licencias, revisión del cronograma de obra
y dotación de un colchón específico de contingencias.
Además, se definen KPIs de avance urbanístico, de precomercialización
y de certificación medioambiental. El resultado es un arranque más
ordenado, menos conflictos contractuales y una mejor visibilidad de la
TIR del inversor.
Caso práctico
2: parque logístico con componente ESG crítico
Segundo ejemplo:
un grupo promotor-constructor lidera el desarrollo de un parque logístico
de 120.000 m² en la periferia de una gran ciudad latinoamericana,
con entrada de un fondo especializado en activos sostenibles. La due diligence
integral identifica riesgos relevantes: accesos viarios aún no ejecutados,
dudas sobre la capacidad de la red eléctrica existente y ausencia
de estrategia clara para alcanzar determinados estándares ESG comprometidos
con el inversor.
El playbook
de cierre estructura estos hallazgos en un plan en tres bloques: infraestructuras
críticas, CAPEX ESG y gobierno del proyecto. Se define un calendario
para acordar con la administración local la ejecución de
accesos, un plan detallado de inversión en eficiencia energética
y generación fotovoltaica, y un esquema de gobernanza con comités
técnicos y de riesgos. La constructora asume compromisos verificables
de plazo y calidad, mientras que el fondo vincula parte de su retribución
variable al cumplimiento de los objetivos ESG. La due diligence deja de
ser una lista de problemas para transformarse en una hoja de ruta compartida.
Cómo
se construye un buen playbook de cierre
La experiencia
demuestra que el valor del playbook está en su concreción.
Un buen documento evita el lenguaje genérico (“reforzar el control
de costes”) y se centra en acciones verificables (“implementar, antes del
mes 3, un cuadro de mando de costes de obra por centro de coste, validado
mensualmente por dirección de proyecto y control de gestión”).
Cada acción debe vincularse con un riesgo identificado en la due
diligence, tener un responsable claro, un plazo máximo y un indicador
que permita medir su cumplimiento.
Asimismo, el
playbook debe priorizar. No todo merece la misma atención los primeros
meses. Para fondos y promotores, lo crítico suele concentrarse en
cuatro ámbitos: riesgos que pueden bloquear el proyecto (licencias,
planeamiento, afecciones ambientales), riesgos que pueden disparar el CAPEX
(costes de construcción, cambios de alcance, inflación de
materiales), riesgos que pueden deteriorar los ingresos (calidad del producto,
adecuación al mercado objetivo, gestión comercial) y riesgos
reputacionales o ESG que afecten a la relación con inversores y
financiadores. El playbook ordena el esfuerzo en torno a estos focos.
Ventajas en
términos de gobierno corporativo y reporting
Un beneficio
adicional, a menudo infravalorado, es el impacto del playbook en el gobierno
corporativo y el reporting. Para los órganos de decisión
del fondo –comités de inversión y consejos– disponer de un
documento que conecta claramente la decisión de invertir con las
acciones concretas de los primeros meses facilita la supervisión
y la rendición de cuentas. Cada reunión puede centrarse en
revisar el grado de avance del playbook, en lugar de perderse en discusiones
abstractas sobre el estado general del proyecto.
En el caso
de promotores y constructoras, el playbook de cierre sirve para alinear
a las distintas áreas internas: desarrollo, técnico, financiero,
jurídico, ESG y operación. Todos comparten un mismo mapa
de prioridades, lo que reduce conflictos internos y mejora la coordinación
con socios y financiadores. Además, el playbook se convierte en
una base excelente para preparar la documentación que exigirán
futuras refinanciaciones, posibles desinversiones o la entrada de nuevos
coinversores.
Una due diligence
integral sin playbook de cierre es como un diagnóstico médico
sin tratamiento: aporta información, pero no garantiza la mejora.
Cuando los hallazgos técnicos, legales, financieros y ESG se traducen
en un plan detallado para los primeros 180 días, fondos, promotores
y constructoras convierten un coste previo al cierre en una inversión
que reduce riesgos, acelera la ejecución del plan de negocio y fortalece
su credibilidad ante bancos e inversores institucionales.
Conclusiones
operativas: qué pueden hacer hoy fondos, promotores y constructoras
1) Exigir
que toda due diligence relevante incluya un playbook de cierre. No basta
con informes extensos: es imprescindible un documento ejecutivo que traduzca
hallazgos en acciones, responsables, plazos, importes y KPIs, con foco
en los primeros 90-180 días tras la firma.
2) Integrar
el playbook en la gobernanza del proyecto. Fondos, promotores y constructoras
deben utilizar el playbook como agenda de sus comités de seguimiento,
revisando periódicamente el avance y ajustando las medidas en función
de la evolución del mercado, los costes y la financiación.
3) Conectar
el playbook con la planificación financiera. Las acciones definidas
en el playbook deben reflejarse en el presupuesto, en la planificación
del CAPEX, en los covenants financieros y en los compromisos ESG asumidos
con entidades financieras e inversores, evitando sorpresas posteriores.
4) Convertir
las operaciones actuales en una escuela de futuro. Cada playbook completado
debe cerrarse con una revisión de lecciones aprendidas, identificando
qué medidas han generado más valor y qué riesgos se
han materializado. Esa experiencia permitirá mejorar los siguientes
procesos de due diligence y fortalecer la capacidad interna de gestión.
5) Comunicar
el enfoque integral como ventaja competitiva. Un promotor o una constructora
que demuestra metodologías sólidas de due diligence y playbook
de cierre resulta más atractivo para fondos, bancos y socios industriales.
Hacer visible este enfoque en el mercado ayuda a diferenciarse en concursos,
procesos competitivos y alianzas de largo plazo.
Autoría:
Laura Sánchez — Abogada y consultora en inversión inmobiliaria.
Seguidnos
en nuestro LinkedIn o en X, compartid este artículo y comentad vuestras
experiencias y propuestas sobre due diligence integral con playbook de
cierre.
|