| En
el sector de la construcción solemos medir el riesgo en hitos físicos:
desviaciones de plazo, sobrecostes, calidad de ejecución o cambios
de alcance. Pero, una vez entregado el activo, el riesgo cambia de naturaleza:
deja de ser “obra” y se convierte en “ingreso”. Para el inversor, el activo
vale lo que puede cobrar de forma sostenible; para el financiador, vale
lo que puede soportar en estrés. En ese tránsito, la auditoría
de alquileres actúa como puente entre la realidad operativa y la
realidad financiera: valida el NOI, desmonta supuestos frágiles
y evita pagar de más. También permite anticipar CAPEX y OPEX
ocultos que nacen de obligaciones contractuales mal comprendidas o incumplidas.
El rent roll
como plano “as-built” del ingreso
En construcción,
un plano “as-built” describe lo que realmente se ha ejecutado, no lo que
se pretendía ejecutar. En alquileres, el rent roll debería
cumplir esa misma función: reflejar la ocupación real, las
rentas efectivas, los escalados, las carencias, los incentivos y las garantías
vigentes. El problema es que muchos rent roll se construyen como herramienta
comercial y no como evidencia auditada. Cuando el inversor entra, necesita
transformar el rent roll en una base verificable y comparable: diccionario
de datos, definición de “in place rent”, distinción entre
devengo y caja, y trazabilidad de cambios (altas, bajas, renovaciones,
novaciones). Sin ese rigor, cualquier valoración se apoya en arena,
y el precio incorpora un riesgo que suele materializarse tarde y caro.
Marcos y metodología
Una auditoría
de alquileres con criterio inversor se estructura como un proceso de evidencias
encadenadas. Primero, se define materialidad y se prioriza por riesgo:
concentración, vencimientos, morosidad y complejidad contractual.
Segundo, se ordena el proyecto como si fuera una intervención técnica:
data room con control de versiones, lista de información (IRL) por
bloques y un cronograma con “gates” de verificación. Tercero, se
ejecuta la cadena de prueba: contrato, facturación, cobro, contabilidad
y banco. Cuarto, se traduce cada hallazgo a impacto económico y
a mecanismo de transacción. Y quinto, se deja un plan de 100 días
para corregir lo estructural, porque parte del valor se protege con gestión,
no solo con cláusulas.
En activos
con alta componente de servicios, la auditoría debe integrar la
lectura contractual con la lectura técnica. Aquí es donde
herramientas habituales del mundo construcción aportan una ventaja:
una trazabilidad documental sólida, disciplina de control de cambios
y, cuando el portfolio lo permite, una conexión entre obligaciones
de mantenimiento y datos del activo. No se trata de “hacer BIM” por moda,
sino de alinear la información operativa con el riesgo económico.
Si un contrato traslada al propietario un paquete de reposiciones o un
estándar de servicio, ese compromiso debe tener reflejo en el presupuesto
y en el NOI normalizado.
Riesgos que
más distorsionan el NOI y la financiación
El primer
gran distorsionador es el incentivo mal tratado. Carencias, rent-free,
aportaciones a fit-out o bonificaciones pueden inflar un NOI “año
1” que no se repetirá, o al contrario, esconder un coste futuro
que caerá como CAPEX. El segundo distorsionador son las repercusiones:
gastos facturados al inquilino sin base contractual sólida o con
topes incumplidos generan reclamaciones, devoluciones y tensión
comercial. El tercero es la morosidad: no la puntual, sino la estructural,
la que se sostiene con acuerdos informales o condonaciones sin rastro documental.
El cuarto es la debilidad de garantías: avales caducados, depósitos
mal custodiados, seguros inexistentes o garantes debilitados. Y el quinto
es el dato: Excel con cambios manuales, sistemas heterogéneos y
conciliaciones sin disciplina.
Estos riesgos
no son “incidencias administrativas”. Son palancas directas sobre precio
y financiación. Cuando el NOI auditado baja, el banco recalcula
DSCR y la operación pierde holgura; el inversor recalcula TIR y
VAN y ajusta el precio máximo pagable. En mercados con volatilidad
o divisa, además, el riesgo de convertibilidad y de estabilidad
de cobro se descuenta con haircuts, reservas o estructuras de protección.
La auditoría de alquileres no elimina el riesgo, pero lo cuantifica
y lo ubica donde corresponde: en el precio, en el contrato de compraventa
y en un plan de gestión realista.
La auditoría
de alquileres no consiste en “revisar contratos”, sino en demostrar el
ingreso: lo que está en el rent roll debe poder sostenerse con contrato,
factura y banco. Cuando no se puede, ese “NOI” no es financiable ni debería
pagarse como si lo fuera. El valor se protege convirtiendo discrepancias
en mecanismos claros de ajuste de precio, y dejando una hoja de ruta de
100 días para corregir el sistema que generó el problema.
Casos prácticos
Caso práctico
1 (Ejemplo hipotético). Build to rent con NOI inflado por incentivos
y periodificación
Un inversor
analiza la compra de un edificio build to rent de 220 viviendas con un
NOI anual presentado de 1.980.000 €. El rent roll incluye 18 contratos
con carencias de 2 a 3 meses y 12 contratos con bonificación del
15 % durante el primer año por campañas de comercialización.
En contabilidad, parte de esas bonificaciones se han tratado como “descuento
comercial” sin reflejar su impacto en el NOI normalizado, y en el rent
roll aparecen como renta plena. La auditoría reconstruye el ingreso
mes a mes y separa passing rent, in place rent y caja. Resultado: NOI normalizado
de 1.820.000 €, es decir, -160.000 € anuales.
La financiación
estaba estructurada para un DSCR mínimo de 1,30 con un tipo de interés
variable. Con el NOI real, el DSCR cae a 1,22 en el escenario base y a
1,12 en estrés. Solución de transacción: ajuste de
precio por valor presente del diferencial (con un descuento prudente) y
un escrow de 300.000 € liberable en 18 meses si la caja real confirma
el plan de estabilización. Además, condición operativa:
implantación de un circuito de lease administration y conciliación
bancaria mensual como parte del plan de 100 días. La corrección
no solo ajusta el precio: evita una financiación sobredimensionada
que habría forzado renegociación.
Caso práctico
2 (Ejemplo hipotético). Parque logístico con divisa, cobros
no identificados y garantías caducadas
Un inversor
evalúa un parque logístico con 9 naves y 14 contratos. El
rent roll presenta rentas indexadas y cobro en moneda local, con conversión
a euros para el underwriting. En el banco aparecen cobros agregados sin
referencia por un servicio centralizado de cobros, y hay 2 avales bancarios
que vencieron hace 60 días sin renovación. La auditoría
ejecuta una conciliación transaccional: reconstruye cobros por inquilino,
identifica 3 pagos aplicados a cuentas erróneas y detecta que 2
inquilinos están en morosidad “técnica” (pagan tarde y se
compensan con descuentos pactados por email).
La normalización
define una política única de conversión y un marco
de comparabilidad: fecha de corte, tipo de cambio consistente y escenarios
de sensibilidad. Con ello, el NOI en euros se reduce un 7 % por timing
de cobros y por ajustes de divisa en estrés. La solución
combina (i) reposición inmediata de avales como condición
de cierre, (ii) un rent roll true-up trimestral ligado a euros efectivamente
realizables, y (iii) una retención para cubrir el coste de recuperación
y el riesgo de impago en los dos contratos más frágiles.
El plan post-cierre prioriza control interno: referencias obligatorias
de cobro, segregación de funciones y matriz viva de garantías
con alertas.
Conclusiones
operativas
1) Trate el
rent roll como un documento técnico, no comercial. Exija diccionario
de datos, control de versiones y trazabilidad de lease events; sin eso,
el “NOI” es una estimación, no una evidencia.
2) Haga la
conciliación completa: contrato, factura, cobro, contabilidad y
banco. Si el ingreso no se demuestra en banco o no se explica con periodificación,
no debería financiarse como recurrente.
3) Normalice
el NOI con disciplina. Separe carencias, incentivos y extraordinarios;
cuantifique repercusiones discutibles; incorpore el coste real de recuperación
y el CAPEX/OPEX derivado de obligaciones contractuales.
4) Ponga foco
en garantías y ejecutabilidad. No basta con que “exista” un aval;
debe estar vigente, bien custodiado y con condiciones de ejecución
claras. Si no cubre la exposición, ajuste precio o exija refuerzo.
5) Traduzca
hallazgos a mecanismos simples y defendibles. True-up del rent roll, retención,
escrow e indemnidades con gatillos, plazos y evidencias mínimas.
Lo complejo se discute; lo operativo se ejecuta.
6) No cierre
sin plan de 100 días. La auditoría identifica riesgos, pero
la gestión los reduce: conciliación mensual, disciplina documental,
reporting y control interno de cobros. Ahí se protege la caja.
Autoría
y CTA
Autoría:
Álvaro Cebrián – Analista financiero y consultor de M&A
inmobiliario, con experiencia en auditoría de ingresos, valoración
y financiación de activos en el sector inmobiliario.
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